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jueves, 20 de abril de 2017

Como debemos entender la moral (2)




El 9 de enero de 2.013 puse aquí mi transcripción de esta conferencia del filósofo Ernst Tugendhat, escuchada en la emisora U.N. Radio, de la Universidad Nacional de Colombia, en un programa que la truncó al final.  Mucho después descubrí que había una versión completa en la Red, y no sólo eso, sino que además difería un poco de la leída por él en dicho programa radial, así que debe leerse ambas versiones simultáneamente.  La segunda versión permitió llenar la pequeña laguna dejada al extraer el cassette para cambiar de lado.





La palabra "moral" se refiere, sin duda, a un rasgo fundamental de la vida humana, pero, ¿en qué consiste?  Esta pregunta parece tan difícil porque nos vemos confrontados con aspectos aparentemente contradictorios, y esto en varios niveles.  El primero es que moral es sólo una palabra.  ¿Cómo podemos entendernos uno al otro cuando usamos esta palabra sin negar dogmáticamente que puede ser entendida de otras maneras?  Segundo, aun cuando convenimos entenderla de una manera, como refiriéndose a una estructura, parece que esta estructura formal puede ser llenada por diferentes contenidos.  ¿Cómo podemos hablar de la moral en singular a pesar del relativismo que existe entre diferentes sistemas morales?  Tercero, por un lado, la moral parece ser algo dado, por el otro, queremos poder preguntar: ¿cómo deberíamos entenderla?


Comienzo con la primera de estas tres dificultades.  ¿Cómo debemos entender la palabra?  Aquí tenemos que comenzar con alguna propuesta.  Después podremos preguntar como se relaciona con otras maneras de entender la palabra.  Yo tomo como punto de partida la manera como la palabra se usa en la etnología: la moral de una sociedad consiste en aquellas regularidades en el comportamiento de sus miembros que están basadas en la presión social.  Una moral es el sistema de normas sociales
bajo las cuales los individuos se ven por toda su vida.  Digo "por toda su vida" para distinguir un tal sistema de normas de aquellos otros sistemas normativos que constituyen las reglas de un juego.  En un juego, el individuo puede decidir libremente si quiere participar o no. Una moral en cambio restringe el ámbito de libertad de aquellos que se consideran ser miembros de esta comunidad moral.  Ellos creen que tienen que someterse a estas normas, pero, ¿por qué?  Un sistema de reglas morales existe solamente si aquellos que lo aceptan consideran justificadas dichas reglas.


A cada moral en este sentido pertenece también un concepto de "buena persona".  Una persona es buena en el sentido moral cuando se comporta de la manera en que esto es exigido recíprocamente por los miembros de la sociedad moral.  Esta exigencia recíproca se expresa en un tipo de oraciones de deber. ¿En qué tipo?  Para darse cuenta del sentido de un deber parece siempre útil preguntarse: ¿qué
sucede cuando la persona que debe actuar de esta manera no lo hace?  En el caso de la moral, cuando alguien no actúa de la manera en que es exigido recíprocamente, surge la presión social, y lo que esto significa parece ser que la persona se ve expuesta a la indignación de los otros miembros de la sociedad.  Si la persona se considera como un miembro de esta sociedad moral, ella también reaccionará con indignación cuando otros actúen así, y esto implica que en su propio caso ella
interioriza la indignación de los otros, se siente culpable.  Éste tipo de deber, que consiste en exigencias recíprocas, no se podría entender si, cuando estas reglas son violadas, no hubiera una sanción.  Esta  sanción consiste precisamente en los sentimientos complementarios de indignación y culpa.


Así que el concepto de moral del cual yo parto contiene una serie de rasgos conectados entre sí.  Para resumirlo, una moral en éste sentido es un sistema de exigencias recíprocas que están expresadas en un tipo de oraciones de deber.  La obligación expresada en estas oraciones se basa en los sentimientos de indignación y culpa.  Cada tal sistema tiene un concepto de "buena persona", y el sistema tiene que ser considerado por los miembros de la comunidad como justificado.  Lo que llamo "sociedad moral" está definido por el conjunto de personas que aceptan estas normas, es decir, están dispuestas a los sentimientos correspondientes y consideran las normas como justificadas.


Empezar de esta manera como lo propongo tiene un sentido sólo si otras posibilidades en que se puede entender la palabra "moral" no quedan excluidas.  Aquí tiene que ser suficiente si muestro en el caso de una o dos concepciones que no constituyen objeciones.  Una primera objeción sería que mi propuesta parece reducir la moral a una moral de conformidad, pero esta objeción no tendría en cuenta el aspecto de la justificación.  Una persona que es moralmente autónoma no se retira de la moral social si no cree que puede mostrar que la moral como está socialmente dada debe ser cambiada para que se pueda decir que está justificada.


Un reformador (piénsese en Jesús) rechaza ciertos contenidos que son los objetos de indignación y culpa en su sociedad, pero no rechaza estos sentimientos mismos; sólo mantiene que estos sentimientos, para ser justificados, deberían ser dirigidos a otros contenidos.  Si fuera más allá y negara que las normas morales son normas sociales, las normas se reducirían a máximas privadas.


¿Podría un sistema de máximas privadas ser llamado una moral?  ¿Por qué no?  … pero yo creo que la manera como yo entiendo la palabra está más cerca del uso normal, y sin embargo, no tiene sentido pelear sobre el sentido verdadero de una palabra.  Si alguien quiere llamar "moral" a un sistema de máximas privadas, yo diría que "moral" en mi sentido es un significado de la palabra --llamémoslo m1--, y el suyo un segundo significado, m2, y entonces podríamos reflexionar sobre como los dos conceptos
m1 y m2 están relacionados uno con el otro y cual de ellos corresponde más a lo que, por lo general, se entiende como "moral".


Hay otros sentidos en que se usa la palabra "moral".  Hay los que la entienden en el sentido de "comportamiento altruístico".  Si alguien prefiere partir de éste concepto, el concepto que yo presenté podría parecer demasiado estrecho, porque aparentemente existe comportamiento altruístico que no es normativo.  Ahora, aquí una vez más yo hablaría de m1 y m2 (o ahora m3).  Altruismo y sistemas
normativos de exigencias recíprocas son dos diferentes conceptos que se solapan parcialmente.  Hay un altruismo que no es normativo y hay exigencias normativas que no se refieren a un comportamiento altruista.


Así que ahora nos debemos confrontar con esta exigencia de justificación.  En primer lugar, será importante entender correctamente cual puede ser el sentido de hablar de la justificación de normas. Parece obvio que no tendría sentido hablar de la justificación de una norma si esto tuviera un sentido análogo al que hablamos de la justificación de una oración asertórica, de una proposición.  Una norma es
un imperativo general y una norma moral un imperativo general recíproco.  No tiene sentido hablar de la justificación de un imperativo, pero sí tiene sentido justificarlo a una persona a la cual está dirigido, porque entonces tiene sentido mostrarle que él tiene una razón para aceptarlo.  Si es un imperativo recíproco, los individuos tendrían que ser capaces de justificarlo recíprocamente uno al otro, y como no es un imperativo singular sino una norma, la justificación tiene que consistir en mostrar que cada individuo tiene una razón para aceptar la norma, y esto significa estar dispuesto a los sentimientos de indignación y culpa hacia ella.


Ahora, yo creo que hay y ha habido dos y sólo dos maneras en que los sistemas morales han sido justificados en éste sentido: justificación por autoridad y justificación recíproca.  En ambos casos la justificación consiste en mostrar que cada individuo tiene una razón para aceptar el sistema normativo.


En el caso de niños chicos los padres son la autoridad.  Ahora, cuando una moral tiene en su totalidad una estructura autoritaria, la justificación tiene en general un sentido religioso.  En el cristianismo, por ejemplo, las normas morales son los mandamientos de Dios.   En todos los casos de justificación moral nos podemos ilustrar la manera de hacer la justificación por la manera como los padres contestarían la pregunta de su niño sobre por que debemos actuar de esta manera: porque, contestarían los padres dentro de la tradición cristiana, somos hijos de Dios, esto es parte de nuestra identidad y Dios promulgó estos mandamientos.


Ahora, una tal justificación religiosa presupone un acto de creencia.   Además, el niño podría preguntar: ¿el sistema moral es bueno porque Dios lo manda o lo manda Dios porque es bueno?  Si los padres contestan que Dios manda sólo lo que es bueno, esto significa que lo que define a una buena persona tiene que ser justificado independientemente del mandamiento divino.  En éste caso la concepción religiosa conduce de por sí a la justificación recíproca, pero la justificación autoritaria nos ayuda a entender por que en la historia ha habido un número tan grande de morales diversas.  Si la convicción de ser justificado es relativa a una autoridad, todo lo que la autoridad manda es obligatorio.  Los diversos
sistemas morales que están justificados de esta manera no se contradicen porque no tienen una referencia común.


Paso ahora a la pregunta, que es en realidad la pregunta de esta conferencia, ¿cómo puede la moral ser justificada recíprocamente, es decir, de una manera no autoritaria?  Sobre esta pregunta fundamental existe hoy un acuerdo.  Muchos dicen que el utilitarismo y el kantianismo son las tradiciones más importantes de la filosofía moral moderna, pero ni el uno ni el otro tienen un concepto de justificación recíproca.  Al lado de estas dos posiciones el contractualismo parece igualmente importante.  En el contractualismo, así como se lo entiende normalmente, la justificación de la moral es una que cada individuo tiene que hacer para su propia cuenta, de modo que aquí tampoco hay una justificación
recíproca.  Ya que la mayoría de la moral contemporánea se encuentra en alguna relación con una de estas tres tradiciones, voy a hacer algunos comentarios para de ahí llegar a mi propia propuesta.


Primero, el utilitarismo: según él, una acción es correcta cuando aumenta la cantidad de bien en el mundo más que cualquier alternativa que el actor tenía.  En el utilitarismo esto es visto como evidente, a los demás les parece extraño.  ¿Podemos entenderlo si partimos, como yo lo hago, de la asunción que lo que se exige moralmente es lo que exigimos recíprocamente?  Yo podría aproximarme a la posición utilitarista si digo, "de cualquier manera tiene que ser exigido recíprocamente que no causemos daño uno al otro", y el utilitarismo dice, "causar bien", porque no distingue entre no causar daño y causar bien, pero, ¿cómo explicar que el utilitarismo introduce además la idea de una maximación?  Aquí puede ser
una ayuda recurrir a los precursores del utilitarismo, Hutcheson y Hume.  Hume partió de una concepción formal que es semejante a la mía.  Él no pregunta que es lo que exigimos los unos de los otros recíprocamente, pero sí pregunta cuando aprobamos a una persona, es decir, cuando decimos que es buena, y Hutcheson añadió: siempre cuando tenemos una alternativa donde podemos causar más o menos mal o bien, se requiere elegir aquella acción que conduce a más bien o menos mal.  Fue éste pensamiento lo que llevó al principio de la maximación.  El utilitarismo insiste en que en la acción moral nunca estamos confrontados con sólo una persona, pero los que están fuera del utilitarismo dudaríamos que una persona pueda cumplir sus obligaciones hacia otra persona correctamente si ve lo que le debe como una parte del bienestar general.  Además, dudaríamos que, cuando tenemos obligaciones hacia más de una persona lo que cuenta es sólo la cantidad de bien y no también su distribución igual, la justicia, y, ¿no sería esto un aspecto importante cuando queremos justificar lo moral recíprocamente?


Así que rápidamente tropezamos con las conocidas debilidades del utilitarismo,como primero, no distinguir entre hacer bien y no hacer mal, segundo, que el utilitarismo no parece dar una respuesta justa a nuestras obligaciones interpersonales, y tercero, que no toma en cuenta satisfactoriamente el aspecto de la justicia.  Ninguno de estos defectos hubieran ocurrido si la pregunta hubiera sido que es lo que exigimos uno del otro.  Hume, por lo menos, preguntó bajo que condición nosotros aprobamos a alguien, pero, ¿quién es "nosotros"?  No parece haber un "nosotros" en un conjunto del cual se puede partir ni tampoco es el objeto de la acción moral un tal conjunto.  Si preguntamos que es lo que exigimos
recíprocamente uno del otro, es una pregunta en relación con individuos.  Lo podríamos expresar de tal manera: para todo x y todo y, que es lo que x requiere de y.  Cuando planteamos la pregunta de esta manera nos vemos conducidos al punto de partida del contractualismo, pero así mismo nos encontramos en la vecindad del imperativo categórico de Kant.


Ahora, la concepción de Kant --que toda máxima es moralmente reprochable, por lo cual no puedo querer que todos actúen así--, es infeliz porque expresa sólo una condición necesaria y no, como Kant cree, suficiente para lo moral.  Existen máximas de las cuales no podemos querer que todos las sigan y que ciertamente no son inmorales.  ¿Qué es entonces lo que tiene que ser añadido a lo que es sólo una condición necesaria?  Obviamente tenemos que ponernos en la posición de los individuos empíricos y preguntar que son las máximas de las cuales no queremos que todos actúen según ellas, pero esto requiere un paso inevitable hacia lo empírico y esto es lo que Kant quería evitar.  Más plausible parece la segunda fórmula del imperativo categórico en Kant, la fórmula que se refiere a medios y fines, pero el hecho de que esta fórmula parece gustar a todos a primera vista no parece tener mucho que ver con el concepto de la razón pura, sino basarse en el hecho de que nadie quiere ser tratado como un mero medio.  Esto es un hecho empírico, y es esto lo que conduce a la norma de que todos exigimos los unos a los otros que actúen así.


Verlo de esta manera es el punto de partida del contractualismo. La posición contractualista puede ser ilustrada una vez más por la conversación de los padres con su niño.  Después de que las normas autoritarias resultaron ser injustificables es improbable que los padres argumenten con la maximación del bien o con el imperativo categórico.  La única cosa a la cual pueden recurrir es a lo que el niño mismo quiere.  Podrían decir: "si las normas recíprocas basadas sobre los mandamientos de Dios no te parecen ser justificadas, ¿qué, entonces, propones tú?  Fíjate bien si no hay ciertas exigencias que tú mismo quieres que todos las observen.  Si así es, ¿no crees que probablemente los demás lo ven así igualmente, y puedes creer que los otros van a someterse a lo que tú quieres si tú no te sometes a estas reglas también hacia ellos?"  … y podrían añadir que es difícil pensar que jamás ha habido una sociedad humana sin estas normas de las cuales cada uno quiere que los otros se sometan a ellas y que, por consiguiente, son normas que deben haber formado el núcleo también de las morales autoritarias.


De modo que el contractualismo parece marcar un punto de partida plausible, pero hay objeciones.


Una primera objeción se refiere al individualismo que está implicado en el contractualismo.  ¿No es una ficción --así va la objeción--, que se puede partir de un estado de naturaleza de individuos aislados? ¿Acaso los humanos no se encuentran ya siempre y desde su primera infancia sometido a normas sociales?  …pero esta crítica es un malentendido.  El contractualismo no niega que de hecho nos encontramos ya siempre en condiciones normativas.  Esto lo presupone él también, pero su pregunta es: ¿son justificables estas normas a los individuos?  ¿Son estas normas deseadas por los individuos mismos?  Para poder contestar esta pregunta se necesita la ficción de un estado prenormativo, para tener un fondo desde el cual poder decidir si todos, como nuestro niño, quieren estas normas de su propio arbitrio, autónomamente, con la única condición de que se tenga que aceptar que los otros las tienen que querer por igual.


Una segunda objeción dice que el contractualismo es erróneo porque reduce toda moral y altruismo al egoísmo.  ¿Acaso existe un altruismo espontáneo que está basado en la simple simpatía?  …pero esto tampoco lo niega el contractualista.  Lo que el contractualista mantiene es simplemente que un altruismo normativamente exigido, un altruismo obligatorio, si se quiere entenderlo como autónomo, tiene
que ser justificado por razones egoístas; esto no excluye que también existe un altruismo espontáneo. Según el contractualismo una moral compartida pero autónoma sólo se puede entender si se comienza desde una base egoísta, pero esto no excluye el altruismo espontáneo sino al contrario, lo va a fortalecer socialmente, y así lo incluirá en la moral, una vez que ésta esté constituida.


La segunda objeción nos lleva fácilmente a una tercera.  Aún si admitimos que debemos distinguir el altruismo moral del altruismo espontáneo podríamos objetar que la base egoísta del contractualismo le imposibilitará entender la formación de una conciencia.  ¿Cómo se puede entender la conciencia si la moral está basada sobre motivos premorales?  Esto puede haber sido una de las razones por las que Kant, a pesar de encontrarse tan cerca del contractualismo. pensó que la moral se puede entender sólo a partir de algo absoluto que llamó "razón pura", pero aquí nos debemos dar cuenta de que el objeto del acuerdo en la constitución de una comunidad moral autónoma no es sólo observar las normas sino igualmente sostenerlas por medio de las emociones morales de resentimiento y culpa y una correspondiente idea de "buena persona".  No sólo exigimos uno del otro actuar de esta manera, sino
también participar en la indignación cuando alguien no actúa así, y si alguien reacciona emocionalmente cuando otros violan las normas no parece fácil no tener una emoción correspondiente cuando el mismo las está violando.  Una persona que quiere pertenecer a la sociedad moral por lo menos tiene que pretender tener estos sentimientos.  La posibilidad de que no los tenga, es decir, que sea lo que se llama un "parásito moral", naturalmente queda abierta, pero esto es una característica no sólo de la moral autónoma sino de cualquier moral, y aquí debemos observar otro rasgo que también pertenece a toda moral. Una persona que actúe de acuerdo con las normas es considerada como buena, ella es aprobada y apreciada, y así el sistema normativo genera por sí una nueva motivación que no había antes, la motivación de ser moralmente apreciado en contraste con ser despreciado. Una persona que se entiende como miembro de una sociedad moral no sólo no quiere ser despreciada sino tampoco quiere ser digna de desprecio.


Así que en una persona que se considera como miembro de una sociedad moral se generan necesariamente los sentimientos que constituyen la conciencia.  Al principio esto parecería ser solamente una conciencia heterónoma, pero de aquí es sólo un paso más para llegar a una conciencia autónoma, según la cual la persona se ve como digna de desprecio sólo cuando ha violado normas que ella misma considera como justificadas.


Se podría objetar que lo que yo llamo "la motivación moral", a pesar de ser una motivación nueva distinguida de los motivos premorales egoísticos, es a su vez egoística, porque la motivación a actuar moralmente consistiría en querer ser considerado o considerarse a sí mismo ser bueno (o no ser malo). Muchos mantienen que la persona que actúa verdaderamente de manera moral actúa así no porque no quiere ser despreciable sino simplemente porque así es correcto. Yo considero que esta opinión es un residuo de la tradición cristiana, que tenía una idea exagerada del desinterés moral.  Esta idea del desinterés moral es probablemente reforzada por el desinterés muy diferente que tenemos en el altruismo espontáneo.  El objeto del desinterés espontáneo es la otra persona, no lo correcto.  Si una
persona elige la muerte para salvar a otra persona, ella lo está haciendo, o en un altruismo espontáneo a favor de la otra persona, o porque piensa que debe hacerlo, que es moral.  Naturalmente las dos motivaciones se pueden combinar, pero en cuanto a que la persona lo hace porque cree que es correcto, me parece que esto es simplemente una abreviación para decir que lo hace para no tener que considerarse despreciable.


Procedamos ahora a una dificultad que se encuentra dentro del propio contractualismo.  ¿Podemos entender el contrato moral en analogía con un contrato normal?  Varios contrastes se presentan.  Primero, un contrato normal es un acto, mientras que el acuerdo moral es algo que persiste como algo implícito a lo largo de nuestra vida intersubjetiva.  Cuando una persona viola una norma moral, no la regañamos por haber violado un acto en que se había comprometido.


Segundo, un contrato normal tiene la estructura de una promesa recíproca y queda abierta la cuestión de que es lo que hace que los partidos contratantes cumplan con su promesa.  Entrar en la sociedad moral es más como hacer una promesa de segundo orden, porque consiste en convenir con tener los sentimientos morales.


Tercero, un contrato normal se negocia, el acuerdo moral no.  Esta es la diferencia principal.  La razón por la que un contrato normal tiene que ser negociado es que el acuerdo se basa en que cada uno tiene que pensar que lo que el otro lado le está ofreciendo es suficientemente bueno para consentir en el acuerdo.  En contraste, en el acuerdo moral, los partidos no se ponen de acuerdo sobre algo que es bueno para a y bueno para b, etc., sino sobre algo que es considerado por todos como bueno simplemente y lo cual, por ende, pueden aprobar y así tener los mismos sentimientos morales.


Aquí nos encontramos delante del fenómeno que había sido el punto de partida del precursor del utilitarismo: Hume.  Su concepto de la aprobación tenía como objeto la buena persona. Obviamente tenemos que distinguir entre el concepto de "bueno para x" y bueno simplemente. Los sentimientos morales, siendo sentimientos que compartimos, sólo se pueden dirigir a lo segundo.  El utilitarismo
tenía un concepto de lo bueno, pero lo que los utilitaristas no veían es que esta aprobación común tiene que ser entendida como algo a lo cual los individuos llegan por un acuerdo, de modo que se tiene que preguntar: ¿qué podemos aprobar juntos de tal manera que todos pueden asentir individualmente?  El contractualismo está delante del peligro opuesto, que consiste en construir el acuerdo moral de una
manera que sólo se ve el asentimiento individual y no el aprobamiento común.  Si se llega de un lado o del otro, ambos factores tienen que ser incluidos: primero, que una comunidad moral tiene que tener un concepto común de "buena persona" --esta es una exigencia del concepto general de una moral--, y segundo, que tiene que ser bueno para todos.  Éste es el requerimiento que se sigue de la autonomía de
la moral.


¿Cómo se pueden combinar estos dos factores?  En mi opinión, sólo si decimos que "bueno" es lo que es igualmente bueno para todos.  Sólo entonces todos pueden consentir en igual autonomía a un concepto común de lo bueno, sólo entonces ellos pueden justificar el concepto de lo bueno, los unos a los otros recíprocamente.  En un contrato normal éste aspecto de un bien común que se tendría que justificar recíprocamente no existe porque aquí los partidos no están consintiendo en algo que tuvieron que aprobar juntos.  Hubo morales --las autoritarias--, que sólo tenían un concepto de lo bueno sin el aspecto del acuerdo, y al contrario, tenemos hoy intentos ,en particular el de David Gauthier en su libro Morals by Agreement, de entender la moral como un contrato normal, es decir, un acuerdo que puede ser reducido a "bueno para a", "bueno para b", etc., pero una moral autónoma no tiene que tener los dos factores, "bueno" y "bueno para".  En la fórmula "bueno es lo que es igualmente bueno para todos" el concepto de lo bueno se basa sobre lo que es "bueno para", pero no es reducible a él, por el término "igualmente".  Ahora podemos ver como a las virtudes de las tres posiciones modernas --el utilitarismo, el contractualismo y el kantianismo--, se las puede comparar.  Lo que el utilitarismo entiende como bueno es justificado en relación con nosotros, pero no de tal manera que fuera justificado a nosotros individual e igualmente.  Aquel tipo de contractualismo que intenta ver a la moral como un contrato normal no llega a un concepto común de lo bueno, no hay una justificación recíproca, y en vez de esto aquello es tomado como válido que es suficientemente bueno para a y también para b, etc., para hacerlos consentir a un contrato.  Kant al otro lado fue motivado por esta y otras deficiencias de un contractualismo simple a
reemplazar la justificación contractual por una justificación ficticia basada en una razón pura.


Ahora bien, el concepto de lo bueno en el sentido de lo que es igualmente bueno para todos es naturalmente un concepto de justicia.  En general, la palabra "justo" se refiere, también en el caso de morales autoritarias, a aquel aspecto de la justificación de normas o acciones que tienen que ver con el equilibrio entre los individuos.  En el caso de morales autoritarias lo que es considerado como equilibrado es determinado por la autoridad y, por consiguiente, puede ser cualquier cosa, pero cuando lo moral tiene que ser justificado recíprocamente el equilibrio puede en último análisis sólo ser la igualdad.  En contraste, ningún concepto de la justicia puede surgir en aquel contractualismo en que el acuerdo moral se entiende en analogía con un contrato normal porque en éste caso no hay un módulo común.


No es un accidente que el concepto de justicia no aparece ni en el utilitarismo, por lo menos no en su fundamento, ni tampoco en aquel contractualismo que entiende la moral como un contrato normal.  El acuerdo que se entiende como justificación recíproca es, en mi opinión, la única concepción de una moral no autoritaria en que la perspectiva de justicia está presente desde el principio, en las otras no se puede entender ni siquiera por que surge la perspectiva de justicia.


Éste resultado --que la moral autónoma tiene que ser entendida en sus fundamentos como igualitaria--,  parece corresponder más o menos a lo que hoy en día se entiende como moral, y la idea de que el contractualismo contradiría éste entendimiento, fue solamente la consecuencia de un entendimiento demasiado literal de la palabra "contractualismo", como si todo acuerdo tuviera que tener la estructura de un contrato negociado.  La idea de constituir una moral autónoma implica que tiene que haber una justificación recíproca en la cual cada uno cuenta igual.  En contraste, Gauthier piensa que una moral iluminada sólo puede ser racional y que no sería racional para un individuo consentir con un acuerdo que no es máximamente racional para él.  Por esto sería irracional hacer concesiones para con los que tienen menos poder, pero si el acuerdo tiene que ser tal que tiene que ser justificable a todos igualmente, entonces es parte de la estructura del objeto del acuerdo que éste requiere igualdad.  Es cierto que tiene que ser racional para cada individuo entrar en el acuerdo moral, tiene que ser mejor para él entrar que no entrar (si se considera omnipotente, no va a entrar), pero una vez que entra tiene que aceptar la simetría que pertenece al mecanismo de éste acuerdo.


La próxima pregunta es si la moral a la cual se llega en la justificación igual para todos también tiene que ser universal.  ¿Qué impediría a un grupo limitar el acuerdo moral a sí mismo y excluir todos los demás? Me parece que igual a como una oligarquía no puede justificar las normas a los perjudicados, de la misma manera el grupo no puede justificar a los que están afuera que deben ser excluidos.


Ahora aquí, finalmente, alguien podría preguntar: ¿y qué importa?  ¿Qué nos tiene que importar que no podemos justificar nuestras normas a los que están afuera?  Ahora, esta misma actitud podría ser tomada hacia los perjudicados dentro del grupo.  ¿No podríamos volver así paso por paso hasta llegar a una concepción como la de Gauthier que correspondería a un contrato normal? …pero entonces tendríamos que aceptar que los perjudicados tienen que ser obligados por fuerza.  Los perjudicados podrían someterse a las normas de la misma manera en que uno puede entrar en un contrato normal,
porque no tienen otro remedio.  Las normas entonces serían para ellos normas de fuerza, no habría una justificación recíproca y, por consiguiente, no habría sentimientos morales comunes.  El sistema normativo en éste caso sería injusto, pero otra vez se podría preguntar: ¿qué importa?  ¿Debemos decir que el concepto de moral no lo permite?  …pero aquí tenemos que recordar que moral es solamente una palabra.  ¿Qué impide definirla de tal manera que incluya sistemas normativos donde la reciprocidad de
justificación es solamente parcial o donde no hay ninguna justificación recíproca?  ¿Qué, entonces, es lo que impide aceptar una tal "moral" entre comillas, una moral que para algunos puede estar en su mayor interés racional que la moral que puede ser justificada recíprocamente?


Muchos filósofos hoy se basan sólo en nuestra conciencia moral contemporánea.  Algunos autores piensan que una concepción como la de Gauthier es inadecuada porque no corresponde a lo que se entiende como moral, pero, ¿puede la conciencia moral contemporánea ser un criterio?


Eso me hace pasar a la tercera de las preguntas que mencioné al comienzo: la que se refiere a la diferencia entre la moral como es dada y la moral como queremos o debemos tenerla.  ¿Por qué debemos o por qué queremos aceptar una moral de autonomía recíproca?  ¿Cuál es el sentido de éste deber?  No nos podemos remitir ni a la palabra (o el concepto) de moral ni a la conciencia contemporánea.  ¿A qué, entonces?  Que debemos entender a la moral de esta manera sólo puede tener el sentido de que si no lo hacemos tendríamos que admitir que no la podemos justificar a otros o a
algunos otros, pero una vez más se podría preguntar: ¿qué importa la justificación a otros?  Se podría decir: sólo entonces podemos vivir con otros en una relación de simetría.  La simetría parece ser un ideal en la relación entre dos personas, e igualmente parece ser un ideal que queremos desear para toda coexistencia humana.  Nos vemos confrontados aquí con lo que puede parecer la bifurcación fundamental en como entender las relaciones humanas: o se respeta los intereses de los otros o se explota las posibilidades de las ventajas de uno mismo: moral o poder.  Esta bifurcación con que siempre nos vemos confrontados dentro de la moral parece repetirse cuando preguntamos como entender la moral misma.


La conclusión sería que no debemos decir que el concepto de moral requiere simetría sino al revés: que tenemos que entender la moral de esta manera si queremos simetría.  Así de débil es nuestra última base.  Sólo podemos apelar a un entendimiento de la vida.  No podemos esperar llegar al fin de nuestra investigación a un poste que señale una investigación y nos diga que tenemos que ir por cierto camino:  no hay un tal deber absoluto, de modo que debemos estar contentos con un resultado que señala en direcciones contrarias, un resultado que nos dice cuales son las alternativas fundamentales, y por eso lo que realmente cuenta en una investigación como esta es identificar dicha bifurcación correctamente.  Por un lado tenemos la posibilidad de entender nuestras relaciones intersubjetivas sin poder unilateral y de tal manera que las normas pueden ser justificadas recíprocamente, y por el otro camino, poder unilateral, normativo y no normativo, naturalmente con un sinnúmero de posibilidades intermedias.


El próximo paso consistiría en elucidar el peso que esta idea de simetría tiene para nosotros.  Voy a mencionar sólo un aspecto.  Cuando traté de la motivación moral mantuve que no parece tener sentido decir que nuestro motivo es simplemente querer ser moral, sino sólo que me sentiría despreciable si actuara de otra manera, pero si el sentido de ser moral consiste en la simetría, entonces lo claramente correcto tiene un sentido donde parece ser inteligible: decir que lo moral mismo es mi motivo.


Que una persona actúa moralmente podría ser motivado simplemente porque ella no quiere entender su comportamiento como asimétrico, como explotando sus ventajas de poder.  Tiene sentido decir: esto no es la manera como la persona quiere entenderse.

Pretendo haber contestado la pregunta con la cual comencé --como tenemos que entender la moral--, en su núcleo, pero sólo en él.  Sin esta concepción de un contractualismo simétrico un sistema autónomamente justifica exigencias recíprocas que no me parecen posibles, pero una vez que el mecanismo de un tal sistema funciona, el sistema podrá incluir otros motivos, en especial los del altruismo espontáneo, motivos que entonces pueden ser reforzados por el mismo aprecio social que está en la base de nuestras obligaciones.  El altruismo espontáneo trasciende los límites de lo contractual y de lo normativo, pero puede ser integrado en él: no es algo que podemos exigir, pero puede formar parte de nuestra concepción de una persona moralmente buena, puede ser el objeto de admiración.  Una y otra dirección en que la moral del contractualismo simétrico, una vez que comienza a funcionar como sistema de respeto mutuo, es extendido, es cuando podemos exigir recíprocamente que tengamos respeto y consideración no sólo hacia nosotros recíprocamente sino también hacia  aquellos seres humanos, y no sólo los humanos sino además los sensibles que no son capaces ni de exigir, pero son suficientemente similares a nosotros.  Sin embargo, no es fácil determinar con precisión hasta donde y con que fuerza podemos justificar recíprocamente esta extensión  --¿es solamente posible,
o en qué grado es obligatorio?--, y no voy a entrar en esta cuestión espinosa ....



Comentario adicional acerca de la bioética


El altruismo espontáneo trasciende los límites de lo contractual y de lo normativo, pero estos pueden ser integrados en él: no es algo que podamos exigir, pero sí puede formar parte de nuestra concepción de una persona moralmente buena y, por ende, puede ser objeto de admiración. Una y otra dirección en que la moral del contractualismo simétrico se extiende, una vez que comienza a funcionar como
sistema de respeto mutuo, es cuando podemos exigir recíprocamente que tengamos respeto y consideración no sólo hacia nosotros sino también hacia  aquellos seres humanos, y no sólo los humanos sino también los sensibles que no son capaces ni de exigir acciones morales ni de actuar ellos mismos según normas.  En conexión con estas obligaciones morales hacia seres que no formen parte de la comunidad moral surge la mayor parte de los problemas de la bioética.


Por lo anterior, voy a terminar con algunos comentarios al respecto.  Estos problemas no pueden contestarse dentro de una moral moderna de la manera como son vistos por la Iglesia Católica.  La concepción cristiana (e igualmente la judía y la musulmana) se basa en dos enunciados que se encuentran en el primer libro de la Biblia: primero, que el hombre fue creado por Dios en un día y
todos los otros animales en otro (y esto implica que el hombre no es un animal), y segundo, que el hombre fue creado por Dios a su propia imagen.  De ahí surgió la doctrina, común a estas tres religiones, según la cual la vida de todo ser humano, y sólo del ser humano, es santa, por lo tanto intocable.  Así resulta en el cristianismo una postura muy particular en relación con el problema de como definir la clase
de los seres protegidos por la moral, que lleva a una respuesta muy simple, pero también muy dogmática, de los problemas bioéticos correspondientes y que no puede convencer a los que no son creyentes de esta tradición bíblica.  Todos los filósofos contemporáneos laicos están de acuerdo en que el criterio no puede ser la pertenencia a la especie biológica del Homo sapiens.  Visto desde una moral
moderna como la que he intentado esbozar aquí, el problema de la extensión de las obligaciones morales más allá del núcleo de los que pertenecen a la sociedad moral por encontrarse en exigencias recíprocas quizás se puede caracterizar por tres pasos.


El primero consiste en darse cuenta que lo que exigimos los unos de los otros no son simplemente ciertas acciones, sino ciertas actitudes que se pueden llamar "virtudes", como por ejemplo la actitud de respeto, la actitud de no ser cruel, etc.  El segundo paso consiste en ver que una persona no puede tener una tal virtud si no la tiene de una manera más o menos general.  Por ejemplo, no llamaríamos a una
persona bondadosa o no cruel si lo es sólo en casos limitados.  El tercer paso consiste en preguntarse cuales de los seres que no pertenecen al núcleo de la moral son suficientemente semejantes a los que sí forman parte del núcleo --por ejemplo: los animales, o cuales animales--, y como se debe juzgar entre los seres humanos sobre, por ejemplo, niños chicos, fetos y fetos de que edad, y, por ejemplo, sobre
adultos que no se pueden expresar o que se encuentran en coma terminal, etc.


Aquí también entran consideraciones pragmáticas, pero la pregunta principal siempre será: ¿son suficientemente similares o no?  Naturalmente un niño recién nacido es muchísimo más similar a un miembro de la comunidad moral que un embrión de una semana, pero todos estos casos tienen un punto en común, y éste consiste en que toda clase que es similar a otra es disimilar a ella, lo que explica por que nos encontramos aquí delante de una serie de problemas que siempre se podrá ver de maneras opuestas.  ¿Es decisiva la similitud o la disimilitud, y que grado de similitud cuenta?  Estas preguntas, evidentemente, por razones lógicas, no tienen una respuesta unívoca: siempre los miembros de la sociedad moral tendrán que tomar una decisión.  Lo único que se puede exigir aquí es que los partidos opuestos aprendan a ser más tolerantes los unos con los otros.  Parece ser igualmente exagerado decir sin más que un aborto es un homicidio como decir que carece de toda importancia moral.  Me parece ingenuo suponer que todo problema moral tiene una respuesta objetiva, visualizándola como contenida en un libro en el Cielo.  Hay muchos problemas morales que no tienen una solución unívoca, y cuando problemas de esta índole tienen que ser resueltos por la ley de una u otra manera, la única manera de resolverlos es, en una democracia, por una decisión mayoritaria.



miércoles, 18 de enero de 2017

Masacre de las Bananeras (1)



Como quedó dicho en diciembre del año pasado en la introducción al primero de los mensajes de SINTRAUNAL, el sindicato de empleados de las universidades públicas, encontrados recientemente en un tablero de anuncios de una de las facultades de la Universidad Nacional (sede de la capital), hace unas pocas semanas, luego de mucho tiempo sin ir a conferencias, por fin me animé a regresar a eso.  La primera que pude grabar fue la de la bibliomanía, en esa universidad, y la transcripción quedó ya puesta aquí, en ese mismo mes, y es el tema anterior. 

Menos de dos semanas después de asistir a esa conferencia, hubo otro evento cultural, el 6 de diciembre, en otro sitio, el segundo donde pude grabar.  El tema era lo que llaman "la Masacre de las Bananeras" (1.928).  Fueron dos conferencias de unos tres cuartos de hora de duración cada una, enjundiosas ambas, como la anterior, y una sesión de preguntas.  El cartel, visto en la U.N. en lo que creo era ya la última semana del semestre, antes de que cerraran ese campo de concentración en que quedó convertida la Ciudad Universitaria o Ciudad Blanca cuando la enrejaron, decía:

Ciclo de Conversatorios - 130 años del natalicio y 50 de la muerte de María Cano
María Tila Uribe - Historiadora y educadora  popular
Mauricio Archila Neira - Historiador, profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia
Convocan:
Corporación Colectiva La María Cano
UTAL - Universidad de los Trabajadores de América Latina Emilio Máspero

Lo ilustra una foto en blanco y negro de un grupo de campesinos de aspecto cundiboyacense, por las ruanas y los sombreros, que levantan sus azadas combativamente, como lanzando un desafío con lo único que tiene para defenderse de los encorbatados que mandan a sus matones para quitarles la parcela.  En un primer plano se ve tierra que parece haber sido escarbada a golpe de azada.  El cielo está opaco y denso, como el de tipo "vidrio esmerilado", que hace pensar en la frase de Gaitán en la primera sesión de su debate parlamentario sobre la masacre : "la sabana doliente y taciturna de Bogotá".  A lo largo del borde izquierdo de la foto un renglón vertical de letra menuda informa: "Fuente: Colección privada de Carlos Payares González".  Se le agradece por esa escena de gente que madruga a sudar y nos manda papas y cebollas de páramo que nos nutren.





El lugar, en la Diagonal 40A (antes Avenida 39) # 15-15, era la sede del Centro de Pensamiento Vivo (nombre poco comprometedor), relacionado con Emilio Máspero, en el Barrio Teusaquillo, un sector tradicional que llaman "de los tejados rojos", por la teja romana.  Desconocía la organización y el personaje, que resultó ser un sindicalista argentino (1.927-2.000) de los que se declaran "cristianos", rechazan tanto el capitalismo como el comunismo y prefieren la "Doctrina Social Cristiana".  No sé por que no hubo un buen entendimiento cuando fue a los Estados Unidos  a reunirse con los de la AFL-CIO, organización sindical norteamericana.  En la fachada, cerca de la entrada, una inscripción lo menciona, y también algún documento de los colgados en la pared de la sala de conferencias.

Un señor y una señora ubicados al lado de la entrada me saludaron.  Expliqué como me había enterado del asunto.  Pregunté que cuantas conferencias habían dado ya.  Él contestó que ellos no eran los responsables del evento y que quien lo organizaba era ese señor de allá, que estaba hablando con alguien cerca de la reja del antejardín y que poco después se acercó.  Era parte de una serie de conferencias sobre la historia de la izquierda en Latinoamérica.  Ya se había dictado una, que fue sobre el maoismo en Argentina.  (Luego durante la introducción se dijo que con la de ese día se iniciaba un ciclo en homenaje a María Cano y que en abril habría un homenaje a ella en la U.N.)  Solicité autorización para grabar y pasar la transcripción a la Red.  Era un profesor de la U.N.

Pensamiento Vivo es como esas sectas religiosas con fondos inagotables de fuente misteriosa que les permiten instalar sedes en muchos países.  No había notado la suya en Bogotá, situada bastante cerca de donde he estado viviendo desde hace ya varios años.  Es una casa acogedora de dos pisos de ladrillo rojo a la vista.  Ofrecen sus instalaciones a todo aquel que esté efectuando una "investigación".  En su sitio en la Red no dan más indicios sobre su condición de creyentes cristianos devotos que alguna cruz en las fotos que exhiben:

¿Quienes Somos ?
Somos un instituto de carácter esencialmente histórico, político, social, cultural, y científico.

Nuestra Mision
Orientar, enseñar y ampliar el conocimiento, la historia y el pensamiento de las organizaciones de los trabajadores y su lucha sindical en Latinoamérica-Caribe, a través de exposiciones, colecciones integradas, que permitan informar, dar, enlazar nuestro pasado con nuestra actualidad, retroalimentando la participación de los diferentes sectores de la población mediante nuestros servicios

Al llegar era ya casi la hora señalada (6 p.m.) pero no había nadie en la sala de las conferencias, un espacio largo con ventanales que dan a la calle y asientos y poltronas puestas a todo el rededor contra las paredes, en un ambiente doméstico.  Hay incluso una chimenea en un extremo, y sobre la repisa unos pocos libros que exhiben sus cubiertas.  Algunos se sentaron en el piso. 

Resultó ser como una reunión de veteranos del Partido Socialista Revolucionario, del que luego averigüé que fue el antecesor del Partido Comunista Colombiano.  Todos se conocían, charlaban, reían.  Era como para sentirse fuera de lugar en un festejo al que no había sido uno invitado.  A mi izquierda se sentó una joven que también parecía ser una desconocida en ese ambiente íntimo.  Eso me tranquilizó.  Un señor entró a la sala y antes de sentarse al lado del puesto de los oradores me saludó de mano, y a la joven sentada a mi lado, y a unas dos personas más, como si fuéramos los únicos que nunca había visto en sulas reuniones. 

Alguien informó que al final se distribuiría natilla y buñuelos (¿por estar en temporada prenavideña?).  El refrigerio incluyó vasos de bebidas gaseosas de colores diversos, entre los que se destacaba el anaranjado.  Los buñuelitos eran menudos, como nunca los había visto, del tamaño de un limón común, no los enormes como naranjas de los de cafetería, pero dieron dos a cada uno.  No probé nada porque un problema digestivo crónico me impide comer entre comidas y obliga a que sea apenas una diaria.  Lamenté tener que rechazar la oferta.  Caso insólito: conferencia con bastimento.

¿Les parecí personaje sospechoso, agente encubierto de la DNI?  ¿Acaso no habían puesto carteles en lugar público?  Habiéndome sentado, un señor se plantó frente a mí sin decir nada y me fotografió.  Me sentí un poco agredido.  Sonreí débilmente para no salir tan maluco en la foto.  Lo que faltaba era que me hicieran brujería con ella.  Luego, como para disimular, tomó una a los sentados a mi izquierda, que eran unas tres jóvenes, y se rió preguntándoles: "¿Estoy haciendo algo malo? ¡No hago nada malo!"  Pasó a tomar otra, un poco más allá.  Recordé la desconfianza en la sede del Partido Comunista no muy lejos de ahí, que queda subiendo por esa misma calle apenas unas dos cuadras y cruzando al sur media cuadra, cuando fui a conseguir un número del periodiquito "Voz" (no ya "Voz Proletaria") que me faltaba.  Primero me pidieron la cédula y se la llevaron a hacer no sé que con ella.  Se entiende esa actitud en un país donde los de corbata mandan matar a la gente.

El primer orador, María Tila Uribe, es una octogenaria que aparenta unos 20 años menos.  Conserva facciones graciosas de persona bondadosa y contenta.  Es hija de Tomás Uribe Márquez, uno de los fundadores del partido antedicho.  Se refirió al padre con desprendimiento de historiadora.  Afortunadamente el par de oradores se sentó frente a mí, en el costado opuesto de la sala, dando la espalda a los ventanales.  Un señor llegó con cámara de trípode y se instaló también frente a mí, dándome la espalda, para grabar las conferencias.  Mantuve mi pequeña grabadora Sony de periodista levantada esperando que todo quedara audible en la cinta, y funcionó, excepto cuando ella, ocasionalmente, bajaba la voz.  Ya en casa descubrí que se escuchaba chirridos agudos muy molestos, causados seguramente por los aparatos cercanos que también grabaron todo, porque era la primera vez que sucedía.  Había otro a mi derecha, de gente sentada en el suelo.

Hace pocos días, el sábado 14, mientras seguía preparando la transcripción, mucho me sorprendió, yendo por la cra. 7ª. con calle 22, parte del tramo ahora peatonal, mirando libros de los que los manteros exhiben sobre las aceras, topar con un librito, viejo pero en buenas condiciones (como la oradora del día 6), que tenía LA TRANSCRIPCIÓN COMPLETA DEL DEBATE PARLAMENTARIO DE JORGE ELIÉCER GAITÁN SOBRE LA MASACRE, una coincidencia prodigiosa, y doble, porque esto fue en la misma cuadra del teatro que lleva el nombre del personaje, a pocos pasos del mismo.  En el casi medio siglo que llevo viviendo en Bogotá (desde que me gradué en el colegio) nunca había visto uno sobre el tema en las ferias del libro del Parque Santander y las casetas callejeras de los libreros. 

Es un libro menudo de 140 páginas que el día 16 me trasnoché leyendo hasta el final, de medianoche a media mañana.  Conmueven los testimonios del salvajismo.  Un siglo después nada ha cambiado, excepto los trebejos: en esos días no había sierra eléctrica.  Convirtieron la Zona Bananera en campo de batalla.  El enemigo era gente inerme.  Se entraban a las casas a matar y saquear.  El procedimiento era disparar y luego rematar y destripar a bayonetazos.  Dice Gaitán en el debate: "Así se administraba la justicia bajo el régimen de un profesor de derecho constitucional."  La alusión es al Presidente M. Abadía Méndez. 

El que tenemos ahora metido en la de Nari, ex Minguerra del anterior, habla de paz mientras su Bloque Capital impone toques de queda a las 8 p.m. en Soacha y demás sectores de miseria.  Los matones disparan a matar a quien vean por la calle luego de esa hora, dizque para reducir la criminalidad.  Disimulan con eso su propósito: asesinar a los dirigentes de la comunidad.  Estamos en régimen santouribista, con un país íntegramente paramilitarizado.  ¡Ay del que se atreva a exigir que le devuelvan su parcela!  De Marcha Patriótica son ya más de un centenar de muertos.  Al más reciente, un Sr. Cartagena, lo asesinaron el día 11 en el municipio de Carepa, Antioquia, el departamento donde más masacres ha habido.  

Ese texto debería ser lectura obligada en todos los colegios.  Pareció eventualmente que sería buena idea pasarlo todo a la Red, suponiendo que no esté ya puesto ahí. 



Primera conferencia (Ma. Tila Uribe)     

  
A la una y veinte minutos de la madrugada del día 6, hoy, 6 de diciembre de 1.928, se cumplieron 88 años del cruel episodio conocido como "la Masacre de las Bananeras", historia perdida en los textos de historia, hasta que el olvido casi, casi la borró, bautizo de fuego para la incipiente clase obrera de entonces, historia contada en un principio por los trabajadores y también por los socialistas viejos, luego desvanecida, más tarde reencontrada por algunos autores que consideraron un compromiso histórico su divulgación. 

Está plasmada en la escultura del Maestro Arenas Betancourt, relatada por Álvaro Cepeda Zamudio en La Casa Grande [1], descrita en el cuento "Si no fuera por la Zona, caramba" [2], del novelista Ramón Illán Bacca, reconstruida en la obra teatral "Soldados", de … el Maestro Enrique Buenaventura [3], tema de canciones populares, base de inspiración del Nóbel [4] García Márquez en los Cien años de soledad.

Cada quien de ustedes, cada uno de ustedes, seguramente conoce esta historia, o conoce parte de esta historia, con más o menos sobrecogimiento, con más o menos imaginación, con más o menos indignación, pero quiero referirme a ella destacando cuatro aspectos: el primero, que no se trató de un hecho aislado, sino de una continuidad en las luchas políticas de la época, el segundo, que se produjo como consecuencia de la llegada de la modernización en la transformación que la tecnología obró en la industria y en la vida de las gentes en esa época, y por la iniciación económica y física del capitalismo colombiano, el tercero, que éste hecho, junto con otros, naturalmente, permitió proyecciones históricas durante decenios, como la adquisición de experiencias en los cambios de las organizaciones sociales y sindicales --ahí está, como ejemplo, la famosa FEDEGÁN [5] del Río Magdalena, a donde en los años 30 vienen muchas de las personas que trabajaron … en la Zona, a trabajar en el … en la FEDEGÁN, con las movilizaciones y la solidaridad que se desataron a raíz de la huelga--, y cuarto, que esta historia no podemos separarla del hoy, del presente, porque tiene un ingrediente que es el de la lucha por las ocho horas de trabajo [38], principal reivindicación de quienes fundaron en el año '25 la primera federación obrera nacional, y luego el Partido Socialista Revolucionario.

Por esas ocho horas de trabajo, que nosotros conocimos, y ustedes conocieron, han de saber que los trabajadores y sus líderes sufrieron cárceles, destierros a las … a las selvas del Darién [6], muertes, torturas.  Eso no es justo.  Por esas ocho horas también lo hicieron, porque consideraban que era una esperanza para las generaciones que [aquí una frase casi inaudible por la "interferencia", unos ruidos agudos causados posiblemente por aparatos cercanos que grababan la conferencia en video, frase que podría ser "los iban a suceder"] (…), porque pensábamos en el futuro, pensábamos  en la gente que venía, en los colombianos que venían.  Yo creo, sinceramente, y se lo digo más que todo a los jóvenes, que a esas gentes el país les debe … un reconocimiento.

De otra parte el interés del tema radica en la recuperación de la memoria histórica, justo ahora, cuando estamos en la búsqueda de una sociedad incluyente, con justicia social, respetuosa de los derechos y las responsabilidades humanas, memoria para que las violencias que han destruido a nuestro país no se queden escondidas, como sucedió con la historia de los años 20 y su terrible final.  [Aquí hay toda una oración inaudible (por los ruidos molestos, otra vez).] (…).  (…) algunos de los principales episodios de la Masacre de las Bananeras que yo los [sic] he plasmado en éste libro que titulé Los años escondidos -- Sueños y rebeldías en la década infeliz [7].

[Deja de lado por un momento el texto que venía leyendo.]  Aquí tenemos [a] veinte de los … socialistas revolucionarios de la época.  [Se dirige a alguien:]  ¡Aquí está tu papá!  [palabras inaudibles] (…)  ¿Lo … lo has visto?

[Voz masculina:]  No.

[Ella:]  Bueno, ahora te lo [verbo inaudible] (…).

[Reanuda la lectura.]  Éste libro se remonta a mi infancia, cuando los protagonistas de esta historia … que voy a relatar, María Cano … voy a decir los nombres … así … [audible apenas el apellido (el nombre de pila parece ser José, luego viene la segunda parte del mismo o un primer apellido)] (…) Márquez, Elvira [apellido inaudible que suena como "Madriña"] (…), Enrique [nombre inaudible] (…) Jiménez Gaitán, Ángela Molina, y muchos socialistas revolucionarios nos decían a los niños --no sé si tú estabas en ese grupo de niños--, "Prometan que cuando sean grandes van a escribir esta historia", y comencé a escribirla medio siglo después, así que Los años escondidos es un compromiso para revelar estas [otra vez un ruido de interferencia electrónica impide escuchar una palabra] (…) a la [… y aquí una corta que parece ser "vida"] (…) del país.

En él, en el libro, cuento la historia oculta de los [años] 20, cuando Colombia tenía casi siete millones de habitantes y abundaban las haciendas tradicionales de costumbres semifeudales.  Para aquel país agrario, con cierto carácter de sel- … de sel- … selva virgen, los 20 constituyeron un decenio clave y sobresaliente por lo que significaron sus dos más grandes fenómenos sociales --bueno, es mimi [palabra inaudible] (…), mi … lo que … son mis hallazgos … no sé si otras personas no lo consideran así, yo lo considero así--, [palabra inaudible] (…) el nacimiento de una clase obrera y la incorporación masiva de las mujeres  al mercado laboral.  [Comienzo de oración inaudible] (…) si vale la pena que lo tengamos en cuenta.

Lo primero se dio … por el cambio de vida en los millares de campesinos que dejaron de estar atados a las haciendas como aparceros o arrendatarios y comenzaron a incorporarse masivamente a las concentraciones obreras mediante un nuevo sistema de pago: el salario [8]

Las mujeres, que hasta ese tiempo sólo podían trabajar como maestras, enfermeras o telegrafistas ….  [Deja inconclusa la oración y pasa a intercalar un comentario.]  Aquí hago un … rememoro algo: como maestras, pero … no podían … estar embarazadas … de los … a los niños se les … era prohibido … que vieran [a] maestras embarazadas.  Por si no lo sabían, las mujeres [unas tres palabras inaudibles] (…).

Eee … ese … eso … ese sector de mujeres … inmenso, que vivía en casa, que vivían en sus casas, que también cocinaban, que también … mm … cosían, etcétera, las necesitaron en los talleres de confecciones, en las fábricas de fósforos, de cerveza, de tabaco, en las textileras antioqueñas [9] … y en otras recién abier- …abiertas, entre otras cosas porque les podían pagar mucho menos que lo que les pagaban a los hombres.  Además, en los años 20, comenzaron a conformarse los ejércitos de secretarias para las oficinas [10].

Legiones de trabajadores se incorporaron entonces a diferentes fuentes de trabajo: 20 mil en ferrocarriles, 600 mil en la exportación del café, millares en la construcción de canales, cables aéreos [11], carreteras, adecuación de puertos, en fin, así fue el proceso de nacimiento de la clase obrera colombiana, asentada en colosales concentraciones humanas, justo las que vienen a convertirse en la misma década en las zonas de conflicto.

Para esa desproporcionada movilización el Gobierno expidió la Ley de Libre Circulación [12], lo que permitió que masa enteras llegaran a trabajar como obreros en los llamados "enclaves" [13] norteamericanos.  Eran … cuatro: [los de] la Tropical Oil Company en Barranca [14], petróleo, la Frontino Gold Mines y la Chocó Pacífico, Antioquia y Chocó, oro, y platino, y la famosa United … Fruit Company [15], donde se produce la Masacre de la Zona Bananera, en Santa Marta.  El … ee … en esta zona … de la Zona Bananera … eee … quedan ubicados de 25 a 30 mil hombres en el trabajo del … del banano.  La consecuencia natural … de esas concentraciones obreras fue la organización, el descubrimiento del poder de la huelga, y los métodos de comunicación [16].

En éste punto quiero hacer un pequeño a- … alto para … contarles que si bien María --María Cano--, iba … en sus siete jiras que hizo, y en todo momento, hablando de sus ideas, defendiendo sus ideas, defendiendo las ideas del socialismo revolucionario, etcétera, y también iba reuniendo gente para que se organizara, tuvo otra condición fundamental: una mujer que fue una comunicadora excepcional, porque a donde llegaban contaban que pasaba en los … e- … en los demás departamentos, y en los demás sectores populares, demasiado importante en una época en que el radio había llegado, creo que en 1.921, o '22 [17].

Bien, vuelvo a lo de la clase obrera para anotar que se trató de una clase obrera con particularidades propias, como correspondía a lo que era América Latina, lejos de parecerse a la clase obrera europea.  De otra parte se vivían [18] abismales diferencias sociales de riqueza y de pobreza [19], y la [palabra inaudible] (…) de un régimen conservador, la Hegemonía [20], con 42 años en el poder en ese momento de la [otra inaudible] (…), y reitero, utilizó el destierro, la muerte, la tortura para sus adversarios.  Para la época deee … la huelga de la Zona Bananera el presidente colombiano era Abadía … Miguel Abadía Méndez.

Ahora, el hecho de que cuente esta historia se debe a que también de niña, en los años 30, cuando aún vivía mi padre, Tomás Uribe Márquez, y un poco después, conocí, observé --¡bueno, con … con ojos de niña!--, yyy … escuché …las conversaciones de los líderes nacionales del socialismo revolucionario, obviamente a Tomás, a María, a Raúl Eduardo Mahecha, a los demás, también a los dirigentesy protagonistas que sintieron y enfrentaron su lucha en el fragor de las grandes huelgas, y por supuesto, en el … en ... en la huelga de la Zona Bananera.

"El Infierno", lo llamaban.  Para referirse a la Zona Bananera le decían así: el Infierno….  Ellos lo llamaban, los … los socialistas viejos,  a ese pedazo de patria, refiriéndose a la Zona, donde se consumieron muchos de ellos,  junto con sus familias.  Ese nombre lo escuché mucho de boca de José Garibaldi Russo [21] --el Ruso, que le decían cariñosamente, me parece verlo--, que siendo dirigente de las petroleras, también fue designado para ir a la Zona a ayudar en la huelga.

También escuché testimonios de otros, que … que fueron … eee … los protagonistas y dirigentes de esa … de esa huelga: Sixto Ospina, [nombre inaudible que suena como "Aldo Pisalas"] (…) --era un campesino alto, que a mí me parecía inmenso como esa puerta [mira hacia la puerta de la sala], lo veía muy alto, muy … no sé si … si era por ser niña, o no, pero para mí era muy alto--, Aurelio Rodríguez, Erasmo Coronel, y por supuesto, a Luisito.  Luisito tenía unas … unas … unos surcos en la frente muy fuertes.  Eee … era un campesino, de [palabras inaudibles] (…), y vino a morir en Bogotá, en un hospital en … los años 40, en el Sur [?].

Desde luego que también, yyy … de eso no se ha hablado mucho, hubo mujeres dirigentes en la Zona: para empezar, la última jira de María … bueno … la … la última jira de María ….  Estuvieron pegadas dos … dos jiras, pero la última fue … enn … 1.928, en los primeros meses del año.  Ella hizo una correría … por Santa Marta, Ciénaga, Sevilla y Aracataca.  Aracataca fue su … mmm …centro de operaciones.  Luego siguió al resto de poblaciones, donde, y eso lo contaba muchísima gente, todos los pobladores se movilizaban para escucharla.  Ella fundaba ligas campesinas, con esos pobladores y con las gentes de los barrios populares de Santa Marta.  Ella estuvo en esa … eee .. en esa jira …eeem … acompañada por Ignacio Torres Giraldo, y él, tiempo después, anotó, en uno de sus escritos, que el gobernador del momento la había obstaculizado [?] mucho y que la atacaba terriblemente en sus discursos. 

Estuvo, o estaba también Josefa Blanco … secretaria del sindicato de Orihueca.  Tuvo bajo su resposi- … so- … eee … bajo su responsabilidad a cien obreros en la huelga.  Con ellos vigilaba que no hubiera corte de racimos, y esperaba a pequeños grupos de soldados de la región, conocidos [37].  Esto era uno de los … de las cosas que contaban los socialistas viejos: como ella esperaba a esos soldados conocidos que iban en pequeños grupos, que era … el hijo de Doña Fulana, que a ella le decían "la Niña Josefa", que … conocidos de la región.  Los esperaba, se los llevaba al Comité para hacerlos reflexionar, si era el caso, y de paso les sacaba información.  Hubo deserciones individuales y colectivas en el primer tiempo de la huelga, y muchas de ellas, decían, que eran obra de Josefa Blanco.

También otra olvidada  fue Petrona Yaise [?] --de ella sí hay una fotografía--, la más destacada entre  800 mujeres que se movían como enlaces … en la huelga [unas dos o tres palabras inaudibles] (…) participaban en la huelga en la logística … para que no se llevaran a cabo … no se llevara a cabo la actividad de recogida del banano.

Ahora … mmm … quería contarles unos datos … de cómo se vivía en ese momento --muy … algo muy corto--, en los primeros meses de ese año '28, es decir, ya … yaa … un poquito, muy poquito antes de la huelga.  En abril arrestaron a Torres Giraldo con 180 trabajadores del Quindío, en Armenia.  En Girardot, antes del 1º. de Mayo, hubo retenciones masivas que atendía co- … el … el abogado Juan C. Dávila.  A él también se lo … se lo llevaron.  En Medellín seguían cada paso de María Cano, así como del dirigente sindical Manuel Marulanda Vélez, no el que …

[Se escucha una risa corta, atenuada, de un circunstante que interrumpe para referirse al caso de homonimia  (alias "Tirofijo", el campesino que en 1.948, luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, formó la guerrilla liberal que mucho después, en 1.964, se convirtió en la guerrilla marxista de las FARC, adoptó como nom de guerre el nombre de ese sindicalista).]

[Ella dice algo como:]  … quienes han oído hablar …

[Él:]  ¡El original!

[Ella continúa:]  Él tomó su nombre … y a … y demás miembros de la Dirección de Antioquia [22].  En Neiva [23] metieron a la … al … aa … al Negro Guerrero [24], que era un periodista … simpatiquísimo y agradable, y … y vivía feliz … yyy … con cien trabajadores.  En Honda [25], bueno, y ahí sigue … sigue … lo que estaba pasando … en todos esos meses … del año … '28.

El … hubo un … un eslabón, digamos, un eslabón final … con que … aprisionaron las libertades y los derechos, que se llamó la "Ley Heróica" [26] ….  Noo … no me estoy refiriendo … a la pena de muerte, que también, en esaaa … en ese decenio, alcanzó a llegar al tercerrr … como a laa … no llegó muy lejos --¿no?--, la pena de muerte.

[Interrumpe quien iba a ser el otro orador del evento, para dar el año en el que fue abolida.  Creo que dice: "Hasta los diez.  Hasta la reforma constitucional de (…)."]

… esta se llamó … eee … la "Ley Heróica", que tenía como  un … unn … rosario de perlas --¿no?--, un ….  Por ejemplo, aquí unos poquitos ejemplos.  Comillas: "Constituye delito agruparse, reunirse o asociarse bajo cualquier denominación."  Comillas: "De acuerdo con la Constitución, se proponen [27] los siguientes propósitos: para quien fomente el desconocimiento del derecho de propiedad …"   Es que  … en ese tiempo se castigaba por sospecha o por la duda.  Otro era "[palabras inaudibles] (…) [una circunstante se ríe, dice algo y la oradora reponde, nada de lo cual resulta audible claramente en la grabación] o por tener huelgas", y otro más: "impedir la aplicación de carteles, avisos, impresos y demás instrumentos de propaganda delictuosa".  Miren de donde venía el Estatuto de Seguridad [28].

[Se escucha risas.  Alguien que se confundió con lo de "impedir", creyendo que era una de las acciones prohibidas, siendo que lo que hizo la ley fue ordenar que se impidiera "la aplicación de etc.", interrumpe porque pensó que ella se había equivocado.]

[Él:]  ¿Por impedir, o … o poner, Tila?  Poner el afiche [29].

[¿Ella?]  Prohibido …

[Él:]  Prohibido poner afiches.

[Otro:]  Sí: prohibido.

[Alguien:]  Sí.

[Ella continúa:]  No, pues, [palabras inaudibles] (…) porque era bastante parecidito.  [Creo que se está refiriendo a la similitud con dicho estatuto.]  Bien, y en cuanto a la compañía … a- … a- … algunos datos de la compañía que yo no tengo … eee … bueno, mi profesor sí tiene esos datos … y en cuanto a la compañía, la United Company [sic], se estima que tenía 150 mil obreros de banano en lo que era la cuenca del Caribe, o sea, Cuba, Dominicana [sic], Costa Rica, Honduras, Guatemala, Panamá y Colombia.  En Colombia esa compañía  --éste es un dato que no … no tengo … no tengo, Mauricio, completamente--, exportó 10.3 [dicho así mismo: "diez punto tres" (en castellano se impuso el hábito de dar con punto, como en el inglés, en vez de con coma, las cifras que tienen puestos decimales, otro ejemplo de colonialismo cultural insidioso)] millones de racimos.  No recuerdo … lo que no tengo es el tiempo [o sea, el intervalo de tiempo durante el cual se los exportó]  [30].  Contaba con 40 mil hectáreas … e … pero eran hectáreas ya sembradas.  Era el tercer productor de banano en el mundo, era el dueño de la mitad del agua de la Zona, disponía de ferrocarriles y barcos, era casi un Estado dentro del Estado.  Por eso se le llamaba "enclave" [13].

Ahora … e … quiero … unos poquitos datos porque todo ha sido … tratando de reducirlo mucho por el tiempo, de como era el trabajo en la Zona.  Les decía que de 25 a 30 mil hombres se repartían las labores para hacer posible el cultivo y la exportación del banano, trabajo que consistía en desmonte o deshierbe … por hectáreas, claro, construcción de canales, irrigación de cultivos, corte, recolección, acarreo al ferrocarril y transporte en 14 locomotoras y 30 vagones hasta Santa Marta para despachar, con esa cantidad, un barco cargado con 100 mil racimos, barcos que se iban, bien para Europa, bien para Estados Unidos.

Cada obrero debía cortar entre 300 y 400 racimos diarios.  Por eso sus jornadas subían hasta 16, 17 horas, diarias, y decían que a veces más.  Llevaban a los niños como ayuda pero a ellos no se les pagaba.  Quedaban incluídos en el … en … en los despachos.  En época de corte la compañía pagaba cinco pesos por obrero al contratista, el contratista al subcontratista pagaba tres cincuenta por obrero, el subcontratista al trabajador le pagaba dos, equivalente al salario diario por el máximo de s- … de racimos cortados, y era tal la afluencia de gente que decían … que de cien per- … hombres que se presentaban sólo la mitad [una o dos palabras incomprensibles] (…) obtenían [sic] trabajo.  Aquellos trabajadores vivían en tambos … y dormían en hojas de plátano invadidas por los zancudos [31].  Por eso entre los nueve puntos, y [en] el pliego de peticiones, solicitaron, o solicitaban, la construcción de campamentos.

En fin, la huelga era un clamor, un clamor … exigida [sic] por miles de trabajadores, un clamor porque las … los problemas que afectaban a los obreros los hacían sentir casi esclavos.  Por eso sus luchas, y el pliego, iban en distintos sentidos: por la tierra, la carga de horas … la … la … la … e … el exceso de horas, las jornadas de trabajo, los riesgos, los riesgos que … entre los cuales … no … no … no … no puse ninguno aquí, pero eran … salvajes: desde las picaduras de las serpientes, los cortes con los machetes en el momento de … de cortar la … la … la mata, en fin, y las humillaciones, pero los trabajadores estaban acompañados desde el año anterior por los más fogueados hombres del río [?], del gremio de la construcción [32], de la petrolera, que se desplal- … ee … ellos se desplazaban como se desplazaba la gente en ese tiempo: en tramos de a pie … un … un … unos a pie y en bestias otros días, hasta la Zona, invitados por los dirigentes.

Mahecha … iba sin descanso.  Mahecha cargaba su tipografía en mula … yyy … y ahí sacaba … mmm … "Vanguardia Obrera".  En el famoso … no veo a Juan Carlos …

[Se escucha una voz masculina que le dice: "Está por acá."]

… en el famosoo …baúl [33] del cual hablo [queriendo decir que menciona eso en su libro, claro], yo conocí a "Vanguardia Obrera" en un tamaño [del] que no podría decir "carta", sino más grandecito, un poquito … y conocí las cartas de esta gente, y aquí, en dos páginas, o en tres páginas, de éste libro están también las cartas … yy … y varias de esas cartas tenían … e … una tinta parecida a éste color [se toca el vestido, que era de un tono morado claro] … más … más profundo, no … no sé por que [34].  En fin, "Van-" … "Vanguardia Obrera" era familiar, pero había otros … otros … otras hojas.  Circulaban otras hojas que sacaban en otras partes.

Tomás conocía, sobre el terreno, la vida de los obreros, porque estuvo viviendo con ellos durante la … una corta experiencia de huelga, del año '24, que fue sólo de ferroviarios y trabajadores del muelle … del muelle de la Zona.  Mantenía correspondencia permanente y les preparaba varias agendas cuando venían a Bogotá, y sin embargo, aunque la huelga era un clamor, y existía la solidaridad, las condiciones para llevarla a cabo no fueron, no eran las mejores.  Decían que la Unión Sindical Obrera era débil, que sólo tenía 40 sindicatos, pero … habí- … hubo otro factor … bastante [unas dos o tres palabras incomprensibles] (…) en el que no me voy a detener … pero muy fuerte.

En julio de 1.928 el Partido Socialista Revolucionario hizo una asamblea nacional … en Mariquita [35], y en esa asamblea se habló y se votó fue una huelga general … de las principales concentraciones de trabajadores ferroviarios [?], y estaba Mahecha ahí, y [palabra incomprensible] (…) Mahecha también.  Cuando Mahecha llega después de Mariquita, a Santa Marta, se encuentra con ese clamor … en el … el … eee … decían que él iba, precisamente, a hablar de lo que había pasado en Mariquita.  No pudo decir nada.  La huelga se precipitó.

Los obreros no estaban preparados.  Por lo menos esa era otra de las cosas que dejaron escrito … e … se conocía.  Había ignorancia de lo que significaba hacer una huelga en la mayoría de ellos.  El 12 de noviembre … Tomás Uribe Márquez, cofundador y secretario general del partido, recibió carta firmada por Mahecha.  Sixto … Sixto Plinio, Adán Ortiz y demás dirigentes anunciando la determinación de declarar públicamente la huelga ese día o el día 13.  La huelga se precipitó de todas maneras, y ellos en la carta decían que habían … que exponían circunstancias de fuerza.  La Unión de Trabajadores entonces asumió la dirección, fue votada por unanimidad en Santa Marta y nombraron negociadores a Erasmo Coronel y a José [apellido inaudible que suena como "Ortega"] (…).  A pocos días de esa carta llegó otra contando que la compañía impidió la presentación legal del pliego.

En torno a esto hay una serie de cosas … duras, difíciles de … dee …que uno va viendo como … como los … como los acabaron, como los manejaron.  Los grupos de Aracataca y Sevilla y su dirigentes habían sidos apresados.  El director de trabajo [36] de Ciénaga fue apresado por declarar que la razón estaba de parte de los trabajadores.  Llegó el comandante general … del Ejército.  Eee … militarizaron completamente la Zona.  Llevaron muchos más … no recuerdo la cantidad de buques … mm … pero llevaron muchos hombres de otras partes del país que ya no eran solamente los que vivían allá, los que eran de allá [37].

Los firmantes de esa carta eran los mismos de la primera carta.  En esa carta le insistían a Tomás en sus orientaciones.  También esas cartas están en éste libro.  Ese … eee … epistolario … eee … siguió mientras duró la huelga, pero los comunicados de Tomás se salieron de las manos de los dirigentes y fueron leídos en los grupos de huelguistas en veredas, en los ranchos, en los pantanales.

Inmediatamente en Bogotá la orden de captura de Uribe Márquez, del abogado Juan C. Dávila y de muchos otros socialistas, hombres y mujeres, fueron fijados [sic] … en las … en las esquinas, en las paredes … como … como se usaba en ese tiempo: "Se busca ...."

… y es aquí cuando aparece Carlos Cortés Vargas … es decir, a él lo mandaron ….  Él había sido agregado militar en la embajada de Chile, yyy … entiendo que venía, según leí, porquee … s- … había sacado un premio en un curso quee … que hizo … en fin.  Eee … de él informaba la prensa que le habían dado "exceso de facultades" … porque lo … mmm … el ministro loo … mm … lo nombró … jefe militar y civil [de la Zona Bananera] ….  Éste hombre … del cual todo el mundo sabía que en las noches iba para la mansión del gerente de la United … era instrumento incondicional del gringo … solícito a cualquier señal de sus funcionarios, violento y arrogante con los nacionales.

Lo primero que hizo fue decretar el estado de sitio.  Ese Cortés Vargas tramó entonces su terrible engaño de esta manera: hizo saber por carteles que se implantaría una estricta reglamentación de orden público y citó públicamente a un personaje conocido como amigo de los socialistas de nombre José del Rosario Durán … para negociar el pliego el 5 de diciembre en la plaza de Ciénaga ….

La noticia se esparció.  Pusieron a circular los trenes con los carros llenos de obreros, de mujeres, de niños, de ollas, de banderas de Colombia, de los Tres Ochos [38] … la población entera ….  Hay versiones de que llegaron 5 mil personas a la plaza.  En la plaza estaba llena [sic].  Otras versiones hablan de menos cantidad de personas.  Otras versiones cuentan que portaban un retrato de Be- … de … dee … de Bolívar … y se empieza a pasar el día así, ya llena la plaza … y el Gobierno no aparece.  Nadie [unas dos palabras inaudibles porque baja mucho la voz] (…).  Se llega la noche, y empiezan a prender fogatas, para hacer la comida.

De una parte … hay risas y contaban … que ha- … que hubo hasta baile … pensando que la compañía ya había cedido, porque los [pronuncia una palabra que deja incompleta y que suena como "alber-"] (…) ….  Se estaba citando era para negociar el pliego, con la gente, y entonces, había risas, había también … a- … mm … es decir, había gente contenta, pero también había gente … muy preocupada porque … su pliego, que … a … cerca de 500 trabajadores estaban … los habían apresado, en los vagones, en Ciénaga … y … en Ciénaga [sic].

Casi todos los dirigentes de la huelga estaban ahí presentes, y es el momento en que alguien le dice a Mahecha … que el Ejército viene a matarlo.  Otros más vienen corriendo con la misma noticia, y cuentan que Cortés Vargas detuvo al gobernador, que venía a cumplir la misión, y vienen entre ellos, entre los dirigentes de la Zona, unos destacamentos [palabra inaudible] (…) que Mahecha ha huído [?], entonces se toca … tocan el toque del cacho [39], que era con lo que se llamaban entre los trabajadores en ese tiempo, y el líder sube a la tarima y grita: "¡Esto es un engaño!  ¡Retírense al lado sur de la ciénaga [40] porque acabamos de tener conocimiento de que se prepara un asesinato colectivo!"

Bueno, aquí también había muchas otras cosas que hablar pero … solamente … quería … quiero terminar contando que, perfectamente amaestrado [sic] … y con fiereza, 300 hombres del Ejército rodearon la plaza, taponaron las calles con ametralladoras, y Cortés Vargas, sin pérdida de tiempo, da la orden de fuego.  Quedan voces gritando: "¡Viva la huelga!  Viva el PSR victorioso!  ¡Viva Colombia!"  … y por segunda vez da la orden de fuego.  El tableteo duró cinco minutos [41].  Al tercer toque ya no quedaron voces.

[Se escucha aplausos y ahí termina su exposición.]      



NOTAS

1.  Cepeda Zamudio fue un escritor y periodista barranquillero miembro del Grupo de Barranquilla, al que también perteneció Gabriel García Márquez.  La casa grande fue la única novela que escribió.  Se dice que fue uno de los precursores del boom (auge) latinoamericano que se inició en el decenio de los años 60 del siglo XX.  Siendo un niño pequeño vivió durante unos cuatro años con su madre en Ciénaga, lugar de la masacre, que había sucedido muy pocos años antes, así que el recuerdo de la infamia todavía seguía perturbando el ambiente.

2.  Ese título es una frase de una canción de los años 40 pero todavía se escuchaba en Barranquilla durante mis años de infancia y adolescencia (los 50 y 60).  Comienza así: "Santa Marta, Santa Marta tiene tren, Santa Marta tiene tren pero no tiene tranvía/Si no fuera por la Zona, caramba, Santa Marta moriría, caramba (…)."

3.  Ahí se confundió porque el autor es Carlos José Reyes.

4.  En realidad ese apellido escandinavo es palabra aguda, no grave.

5.  Es la Federación Nacional de Ganaderos, que actualmente anda en una crisis por el manejo financiero escandaloso que le ha dado su presidente, José Félix Lafaurie, lo que la tiene en algo como una guerra civil como la que padece el país desde el '48, con cisma y todo.  Los cismáticos acaban de crear su propia organización, la Nueva Federación de Ganaderos, si recuerdo bien el nombre.  Lafaurie es de los que justifican la alianza de los ganaderos con los paramilitares diciendo que ese asunto fue por iniciativa del Estado (evidentemente, ya que la definición de "paramilitarismo" es justamente "acciones encubiertas de Estado".)  Su esposa, María Fernanda Cabal, es una arpía uribeveleñeja que anda de pipí cogido (no interpretar literalmente: es mera metáfora) con los gomelos neonazis cundiboyacacunos que idolatran a Peñalosa, el alcalde actual de la capital.  Cuando murió Gabriel García Márquez ella anunció que ese pobre diablo comunista había ido a dar al Infierno, donde se encontraría con el cura guerrillero Camilo Torres y todos los demás curas guerrilleros.  En ese caso entonces no hicieron sino pasar de un infierno a otro.

6.  Se refiere a la región fronteriza con Panamá que sigue siendo de manigua densa y un refugio seguro para la guerrilla, que va y viene entre los dos países.  Le dicen "el Tapón del Darién".  Lo fue también durante la Edad de Piedra, como descubrí hace unos 30 años cuando fui al Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional (sede de Bogotá) a donar una pequeña piedra labrada rojiza con la forma de una punta de lanza (ver nota # 12).  Me la había dado una tía materna (ver notas # 10 y 24) que me dijo que fue encontrada por un trabajador en la hacienda de unos parientes en Nicaragua (tierra natal de la madre, mi abuela materna, hija de inmigrantes alemanes establecidos allá en el siglo XIX).  El científico que me la recibió y me hizo escribir mis datos personales en un libro explicó que son objetos que no encuentra uno al sur del Tapón porque en esa época impedía el paso a los trogloditas.

7.  Tenía ella ahí un ejemplar cuya cubierta nos mostraba.  Un joven que hizo una pregunta durante la sesión de preguntas había traído su propio ejemplar y al final se le acercó con él, creo que para que se lo autografiara.  Hace poco fui a la Biblioteca Luis Ángel Arango, consulté el catálogo y averigüé que tenían la primera edición, que es del '94 y tiene un título diferente: sus últimas palabras son "en la década de los veinte", no "en la década infeliz".  El catálogo informaba que había una reseña del libro en cierta publicación y daba un enlace hacia la misma, y como llevaba una memoria USB pude guardarla. Aparece luego de esta serie de notas propias.

8.  Esa migración de los sectores rurales hacia las ciudades había sucedido en Inglaterra siglos antes.  Fue el fenómeno social del "alambramiento" (enclosure), que acabó con las tierras comunales, concentró la tierra en manos de unos pocos terratenientes y creó una clase obrera paupérrima sin tierra que tuvo que ir a buscar trabajo en las industrias, como la textilera.  Se decía que eran los días en los que "las ovejas devoraban a los hombres" porque donde antes el campesino cultivaba su parcela y vivía feliz ahora pastaban las ovejas que suministraban la lana para dicha industria.

9.  Está el caso triste y trágico de la campesina María Betsabé Espinal.  Nacida en 1.896, murió electrocutada a los 36 años de edad frente a su casa en un accidente causado por un cable eléctrico caído.  Organizó una huelga en la Fábrica de Tejidos de Bello (Antioquia) en 1.920 en protesta por varias cosas: el salario bajo (comparado con el de los varones) de las hilanderas, las horas excesivas de trabajo (de 6 a 6), la obligación de trabajar descalzas y el acosamiento sexual de unos capataces, que fueron despedidos.  La conferencista menciona el asunto en su libro.

10.  Entre ellas estaban mis dos tías maternas (ver nota # 6), que fueron testigos oculares del Bogotazo.  Vivían y laboraban en el centro.  Iban a casa a almorzar, en la carrera 5ª. con 26 (cerca del costado oriental del Parque de la Independencia), y hacia la una de la tarde, bajando por la 26 para regresar a sus oficinas respectivas, toparon con unas "mujeres del pueblo" (palabras textuales de la que me contó esto) que subían llorando.  Les preguntaron: "¿Qué pasó?  ¿Qué pasó?"  Contestaron: "¡Mataron a nuestro padre!  ¡Mataron a nuestro padre!"  Se referían a Gaitán (ver nota # 24).  La tía me dijo: "Eso ya se veía revuelto."  Seguramente veían el humo de los primeros incendios.  No puedo incluir aquí todo lo que le escuché decir pero creo que se justifica consignarlo y ponerlo como complemento de alguna otra transcripción, eventualmente. 

11.  ¿¿Cuáles cables aéreos??  ¿Las tales tarabitas que todavía usan para deslizarse por un cable metálico sobre las hondonadas, o los cables de las redes telefónicas y las redes eléctricas?  

12.  La versión actual del asunto está en el artículo 24 de la Constitución del '91: "Todo colombiano, con las limitaciones que establezca la ley, tiene derecho a circular libremente por el territorio nacional, a entrar y salir de él, y a permanecer y residenciarse en Colombia."  No sé si ya me había leído toda la Constitución cuando un carabinero, desde su caballo, me sorprendió al mencionar ese derecho constitucional.  Son policías montados que me vieron recorriendo a pie, lentamente, como buscando algo, un trecho de carrilera cercano a la vía que va al aeropuerto, porque más al oriente, y más allá de los potreros aledaños a la carrilera, está una sede de la Policía Nacional, y les había parecido sospechosa mi presencia, pero fueron amables.  Tuve que explicar que andaba buscando fósiles.  Más hacia el norte la carrilera pasa cerca de la Biblioteca Virgilio Barco.  Yendo hacia la biblioteca, o regresando de ella, meses antes, había visto algo insólito: una almeja fosilizada.  Fui encontrando muchas, y unos pocos fósiles de amonitas, entre las piedras que son el substrato de los durmientes de madera que sostienen los rieles. 

Estando en eso cerca de la biblioteca se me acercó un señor a averiguar que hacía y dijo que esas piedras las traían de una región, no recuerdo ya si de Cundinamarca o Boyacá, donde abundan los fósiles y donde los hijos de los campesinos se acercan a los carros de los viajeros a venderles fósiles por muy poco dinero.  El hijo del señor estudiaba geología en la Universidad Nacional y le iba a interesar el asunto.  Di mi número telefónico pero nunca llamó. 

Se me ocurrió que los de mi nueva colección podía llamarlos "fósiles de carrilera".  Me entusiasmé con la idea de haber descubierto una mina de oro, pero estaba equivocado.  Indagando en la Red vi que esas almejas son tan comunes que no valen casi nada.  Creo que ya sabía acerca del museo geológico de Ingeominas (su sede colinda con los predios de dicha universidad) y lo había visitado.  Fui y me dijeron que no compran fósiles y que los reciben gustosamente, pero como donación.  ¡Enorme desilusión!  Con haber donado mi punta de lanza de los trogloditas (ver nota # 6), cosa de la que luego me arrepentí, había sido más que suficiente, tratándose de filantropía. 

13.  Es un anglicismo.  Mi diccionario Cuyás lo traduce así: "región enclavada en territorio extranjero; barrio o distrito habitado por extranjeros o destinado a un objeto especial; (anat.) órgano enclavado en otro".  La tercera acepción suena tan alarmante como la primera.

14.  Es la forma abreviada del nombre de Barrancabermeja, ciudad situada en el departamento de Santander y donde hay una gran refinería de petróleo, la de mayor capacidad de las cinco que tiene el país.  La segunda más grande, llamada Reficar, en el departamento de Bolívar, de la región del litoral caribe, anda actualmente involucrada en otro de los muchos casos de corrupción administrativa.  Hubo sobrecostos de 100 por ciento en una obra de ampliación.  Se contrató a una empresa euraca que nada sabía de refinerías, agarró lo que pudo y se fue con el botín.  Las otras tres están en los departamentos de Casanare, Putumayo y Meta, y son las de Floreña, Orito y Apiay, respectivamente, en orden descendente de capacidad.

15.  Ella siempre lo pronunciaba como "iunait" o "iunái", y por lo menos en una ocasión, "iunáited".  Ahora es la Chiquita Banana.  Tuvimos en los años 60, en el Karl C. Parrish de Barranquilla, un colegio que es bilingüe, un compañero de clase, Efraín Posso Peña, cuyo padre era italiano y trabajaba para la United Fruit Co. como piloto de avioneta fumigadora.  Se la pasaba dibujando aviones en clase, y lo hacía bastante bien.  Eran dibujos hechos con lápiz parecidos a los dibujos documentales de las enciclopedias de aeronáutica, con el aparato representado como visto de frente.

Tenía un Club Nazi con unos hijos de alemanes que estudiaban en otro colegio y que conocí en el nuestro en las reuniones de los viernes en la noche de los Boy Scouts (Niños Exploradores).  Uno de los jóvenes alemanes era Henry von Prahl (no "Heinrich", que es "Enrique" en alemán, sino así, en inglés), que luego, como yo, fue a estudiar la carrera de Biología en la Universidad de los Andes en Bogotá.  La terminó, murió joven en un accidente aéreo y luego, en homenaje a ese colombonazi, fue bautizado el        Centro de Investigaciones H. von Prahl en el Parque Nacional Natural Gorgona, donde hizo estudios in situ.  Ojeando libros en los estantes de alguna sala de lectura de la Biblioteca Luis Ángel Arango, hace ya varios años, me sorprendió encontrar un libraco suyo sobre los corales con fotos propias, pero pésimas, una serie monótona en la que no se destacan los detalles.  (Yo no la terminé esa carrera porque me retiré en el tercer semestre, luego di muchas "vueltas" en la vida, y sigo sin publicar ningún libro, pero por lo menos no soy un nazi, y además sigo vivo.)

Queda comprobado que los bananos de la Chiquita sí tienen alguna relación con el nazismo (tenue o firme, según la perspectiva).  

16.  Coincidentemente, cuando asistí al evento andaba leyendo un libro, de un sociólogo que se destacó por sus estudios sobre la burocracia, con un pasaje que complementa eso dicho por ella: "Por extraño que parezca, el sistema de libre empresa favorece el desarrollo de la burocracia en el gobierno, en las compañías privadas y en los sindicatos."  (La burocracia en la sociedad moderna, Peter M. Blau, Editorial Paidós, Bs.As., 1.974, p. 47)    Piensa uno en lo que llaman la "ley de las consecuencias imprevistas". 

17.  … y la televisión llegó tres decenios después, durante la dictadura del Teniente General Gustavo Rojas Pinilla (ver nota # 35), siendo yo todavía un niño.  No sé por que en nuestro medio se prefiere decir "la radio" para referirse a la radiotransmisión para el público en general, y con género masculino se trata siempre del aparato.

18.  Debe ser "se vivía" porque con sujeto indefinido se conjuga en la tercera persona del singular.  Es uno de los errores más comunes, como en los avisos que dicen cosas como "se regalan gaticos".

19.  El 7 de diciembre, justamente el día siguiente al del evento, en una entrevista en la sección "Pregunta Yamid" del noticiero "CM&" (Canal 1), Julio Roberto Gómez, el secretario general de la agrupación sindical CGT (Confederación General de Trabajadores) comentó que el Ministro de Economía de Noruega le dijo que allá la diferencia entre el menor salario y el mayor es apenas de 1 a 10, y aquí en Colombia es de 1 a 100, e incluso 150.  (Entre los casos escandalosos están el del presidente de ECOPETROL, la empresa petrolera estatal, y el de los congresistas, que además, luego de sus cuatro años en el Congreso, quedan con una pensión que es MAYOR de lo que fue su salario, y es como si se ganaran un premio de lotería todos los meses sin hacer nada, hasta que se mueren, siendo que muchos son gente indigna que se hace elegir mañosamente.  Según la OEA, la Organización de Estados Americanos, el sistema electoral colombiano es uno de los más expuestos a maniobras fraudulentas.  Algunos aparecen como habiendo recibido miles de votos en sitios donde jamás estuvieron y donde nadie los conoce.  Esto lo han denunciado ciertos congresistas en las sesiones plenarias, como lo hizo Piedad Córdoba.  Creo que su salario mensual está en unos Col $ 28 millones, que equivalen a US $ 9.300.  El dólar estadounidense corresponde en estos momentos a aproximadamente 3 mil pesos.)

Esto no debe interpretarse como un elogio tácito del par de personajes, entrevistador y entrevistado, o del noticiero.  Si uno se asoma a los noticieros nacionales es por deber, para enterarse de lo que pueda afectarlo a uno personalmente.  Ese periodista es un gobiernista que tienen ahí como legitimador de un gobierno ilegítimo que nunca ha respetado la vida, sea humana o de otra índole, y el sindicalista es miembro de lo que llaman la "aristocracia obrera", y otro legitimador de regímenes.  La legitimidad está más relacionada con un consenso general, con valores compartidos, que con códigos legales meramente formales. 

20.  La llamada "Hegemonía Conservadora" fue muy prolongada y terminó en 1.930 con la elección de Enrique Olaya Herrera, pero en realidad el país sigue en una hegemonía conservadora, controlado por lo que el Presidente Hugo Chávez Frías llamó "la oligarquía más sanguinaria de América Latina", que desde el fracaso de la Revolución del '48 ha gobernado, ya por fin unida contra el descamisado (o "roteque", o "roto", como dice en Chile su contraparte). 

21.  Coincidentemente, el entrenador actual del equipo de fútbol Millonarios de Bogotá es un Miguel Ángel Russo que uno supone es argentino, por la entonación (lo vi hace poco en un  noticiero de televisión, no porque me interese ese deporte, que veo cada cuatro años, sino porque esperaba a que terminara una pausa en otro canal).  Puede que sea realmente uruguayo, pero los uruguayos se enojan si se les dice que hablan como argentinos, y sí, hay unos que no.  Continuando con las suposiciones, uno supone que los que sí, son de Montevideo, y los otros son interioranos, del Uruguay profundo, bien alejado de los vecinos.

22.  Los extranjeros hispanohablantes se extrañan cuando no oyen pronunciar ese nombre así, siendo que debe ser "Antioquía", que es una región muy antigua de la que ya se hablaba en la época de los romanos.  Hace mucho tiempo presté a una señora de poca educación mi ejemplar de la novela histórica relacionada con los tiempos bíblicos Quo vadis, queriendo desarrollarle el hábito de la lectura, y quedé perplejo como nunca cuando me dijo que no entendía por que ese libro mencionaba a Medellín (capital de nuestro departamento de Antioquia).  Tuve que pensar mucho hasta que por fin entendí: vio el nombre de Antioquía ojeando el libro apresuradamente y luego recordó mal y le pareció que lo que había visto era el de la capital de Antioquia, y se lo hice saber, pero disimulando lo sentido ante un error tan insólito.  El proyecto no avanzo: me devolvió el libro diciendo que la letra la encontraba demasiado menuda, y las circunstancias pronto nos separaron para siempre.  

23.  Es la capital del departamento de Huila, que forma parte del Tolima Grande.  Tolima es un departamento adyacente (con el nombre de una de las culturas precolombinas de la región).  No sé lo suficiente de la historia patria como para saber por que no se dice más bien "el Huila Grande", que incluiría el departamento del Tolima, o para saber si el asunto tiene algún sentido.

24.  En Colombia, cuando a alguien le dicen "el Negro" no se sabe si es cariñosa o despectivamente.  A Jorge Eliécer Gaitán, el caudillo liberal mestizo de piel morena, asesinado por la plutocracia liberalconservadora contra la que despotricaba (cfr. nota # 10), le decían así con odio clasista y racial.  El gobierno de los Estados Unidos aseguraba que era comunista, pero los comunistas lo despreciaban y consideraban que era un demagogo burgués y un trepador social.  Cuando se casó con una dama de la "alta sociedad" medellinense la gente comenzó a decir que a ella le esperaba "un negro porvenir", pero lo que hizo fue "blanquear" la raza: Gloria, la hija, vino al mundo con aspecto caucásico, y con su propia hija, nieta de Gaitán, sucedió lo mismo, como si el Destino hubiera querido burlarse de los burladores.  Otro de los cuentos de dicha tía (nota # 6) era sobre su amigo Carlos Lis, un senador que logró conseguir una compensación de veterano a su padre (mi abuelo materno, que luchó en la Guerra de los Mil Días y fue condecorado).  Hubo en el recinto del Senado un tiroteo durante una discusión, y luego a otro amigo de ella, un poeta de nombre Eduardo Laverde, se le ocurrió comentar que Lis no había corrido ningún riesgo porque eso había sido "tiro al blanco".  Lis era de un tono "achocolatado", en las palabras de mi tía.  Lo mataron yendo a su finca en Natagaima (que creo es en el Tolima) o regresando de allá, pero iba con escoltas.  No recuerdo más de lo que me contó ella sobre las circunstancias del atentado.  Era liberal.  No creo que mis tías maternas, que fueron las que conocí de cerca, hayan tenido amistad con conservadores.  (… o "godos", como los llaman los liberales, porque dicen que "les gusta dar guerra".  En realidad, luego de la reconciliación entre los dos partidos tradicionales, a la clase media y la alta de ambos les gusta darla de manera infame contra los estratos sociales más bajos y los "intelectuales" que los defienden.)

25.  Es una ciudad situada en el Tolima.

26.  Fue la ley 69 del 30 de octubre de 1.928.

27.  Debe ser "se propone" por lo dicho en la nota # 18.

28.  Fue el decreto 1923 del 6 de septiembre de 1.978 expedido durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala con arreglo a las normas propias de un estado de sitio, y justificando la medida por las acciones del grupo guerrillero M-19 (nota # 35).  Lo que habría que decir de ese personaje infame me lo podría ahorrar parcialmente remitiendo a la gente a un librito poco conocido de J.J. García, Crónicas sobre un emirato y una dinastía (Tercer Mundo, Bogotá, 1.985), pero su lectura nada diría, claro, de mis experiencias a mi paso por dicha universidad (nota # 15) relacionadas con otro personaje, compinche de Turbay, que fue el historiador Abelardo Forero Benavides, a dos de cuyos cursos asistí tomándolos como "electiva", y que me parecieron más entretenidos que todos los demás.  Por eso padecí una conmoción con las revelaciones del libro, que "me cayeron como un goterón de plomo", para usar una expresión contundente de la tía antedicha.  Al pobre García, socio capitalista del par de ilustres bribones en el asunto de la Cervecería Andina, lo "tumbaron" ellos con disimulo, pero a García casi nadie lo conoce, mientras que los otros dos pasaron a la historia como dizque prohombres.

29.  Es un galicismo derivado de affiche, que significa "cartel".

30.  Fue la cantidad de racimos de banano (en la costa Caribe del país dicen "guineo") exportada desde Santa Marta en 1.929. 

31.  Suena extraño eso de las hojas de plátano "invadidas por los zancudos".  ¿¿Qué relación tiene lo uno con lo otro??

32.  A la labor pesada del obrero de la construcción le dicen en Colombia "la rusa".

33.  "En mi juventud quedó a mi cuidado un baúl famoso entre los socialistas, en el que se guardó la historia de esa época: había cartas de algunos de los compañeros que hicieron parte del contingente que se fue a luchar a Nicaragua con Sandino en 1927, el famoso Libro Azul, con los relatos sanguinarios de Juan Vicente Gómez en Venezuela, mensajes de Tomás Uribe Márquez al dirigente Raúl Mahecha y a los trabajadores de la Zona Bananera, brazaletes de los obreros, pedazos de periódicos y hojas impresas que denunciaban la pena de muerte, torturas, destierros y todo lo acostumbrado en la Hegemonía Conservadora.  Más tarde busqué las pocas fuentes que se podían [ver nota # 18: debe ser "podía"] conseguir y acudí a los testimonios de veteranos sobrevivientes de la época y de sus familias, para completar mi relato sobre esos sueños y esa rebeldía de los años veinte. No tuve financiación.  Por eso me tocó ponerle punto final, a pesar de que tenía historias para rato." (Esto lo dice en una entrevista publicada en la prensa escrita.)

34.  Creo que con lo que andaba a lomo de mula pudo haber sido un mimeógrafo, una máquina con la que se hacía copias de textos.  Era lo que usaban en dicho colegio en el que estudié para imprimir circulares.  La tinta era morada y daba al papel un aroma intenso más bien agradable.

35.  Es otra ciudad en el Tolima, de nombre poco afortunado que aprovecharon para hacer un chiste contra el Presidente Misael Pastrana Borrero, que exhibía una sonrisa permanente, de tal manera que la dentadura estaba a la vista en todo momento.  Era su ciudad natal.  El chiste recurre al caso de polisemia.  Se preguntaba que por que Pastrana … tal cosa (no recuerdo ya esa primera parte), y se contestaba diciendo: "Porque tiene sonrisa de mariquita."  Nombre completo de la ciudad: San Sebastián de Mariquita.  La elección de Pastrana en el '70 fue burdamente fraudulenta y los partidarios del perdedor, el ex dictador y militar Gustavo Rojas Pinilla (ver nota # 17), un anticomunista populista y ladrón a lo Juan Domingo Perón, formaron una guerrilla llamada "M-19" (Movimiento 19 de Abril, nombre que alude al día de las elecciones).    

36.  ¿Era un funcionario de la Oficina Nacional del Trabajo?

37.  La precaución de estacionar tropas que no sean de lugareños, para evitar casos de confraternidad cuando el plan es reprimir violentamente, es una práctica universal desde siempre.  Un ejemplo es lo relatado por Marco Polo en su crónica sobre los asuntos de una China gobernada por los mongoles: "A los hombres que son reclutados en la provincia de Mansi no se los utiliza para vigilar sus propias ciudades sino que se los instala en otras que están a veinte jornadas de viaje, donde permanecen durante cuatro o cinco años.  Luego regresan a casa y se envía a otros para reempazarlos."

Otro ejemplo aparece en mi transcripción del primer capítulo de la serie histórica británica de televisión "El poderoso continente", agregado a éste blogo el 28 de agosto de 2.013: "En el año de 1.906 los debates del parlamento húngaro estaban generando tanto calor, por ser tan destructivos, que el viejo Rey Francisco José se vio obligado a cerrar el lugar, y para éste propósito utilizó a minorías rumanas del Imperio [Austrohúngaro] y no a soldados austríacos.  Era parte del sistema imperial situar lejos de casa a soldados de cada nacionalidad en donde no estuvieran tentados a involucrarse en los problemas de índole enteramente local.  Por eso los regimientos húngaros se podrían encontrar muy solitarios en Praga vigilando a los checos, o nostálgicos en Zagreb observando a los croatas, o aburridos en Trieste aplacando las sensibilidades de los italianos."

… y un ejemplo tomado de la historia de Roma: "La segunda preocupación de Vespasiano [el emperador] se relacionaba con los ejércitos, cuya falta de disciplina acababa de ensangrentar el Imperio.  En primer lugar, empezó por los pretorianos, cuyo número fue reducido y depurado, luego siguió con el ejército de Germania, del que se licenciaron tres legiones.  (…)  Los auxiliares, alejados de su país de origen, obedecieron a oficiales romanos."  (El Imperio Romano, Jean-Marie Engel, Oikos-Tau, Barcelona, 1.978, p. 74).

… y Gaitán, en la primera sesión de las cuatro de su debate parlamentario de 1.929 sobre la masacre, cuenta esto: "(…) se presentó por los lados de Aracataca el Teniente Uribe con un pelotón de soldados como de 25 hombres con la orden de relevar al Capitán Garavito, pero el capitán se negó a que el Teniente Uribe lo relevara porque le dijo que él estaba más seguro en ese lugar, con sus soldados del interior, porque el Teniente Uribe tenía costeños."  

38.  Es el viejo programa del siglo XIX del movimiento obrero europeo: jornada de 8 horas de trabajo, 8 de sueño, 8 de ocio.  En la sala de conferencias tenían una mesita baja frente a la chimenea, de las que llaman coffee tables en inglés, o "mesas del café", cubierta con un mantel que tenía tres ochos grandes.

39.  ¿Cuernos de carnero auténticos?  En ese caso eran entonces como el shofar  de los israelitas, que todavía usan los judíos en ceremonias para anunciar los días de fiesta y el Año de Jubileo. 

40.  Seguramente debe ser "al lado sur de Ciénaga" porque la Ciénaga Grande es enorme y su lado sur queda muy, muy lejos de Ciénaga.  La pequeña abertura que la comunica con el mar, y donde está el puente de la carretera (de 95 km.) entre Barranquilla y Santa Marta, está cerca de Ciénaga, en el costado occidental de la ciénaga.  Pasé decenas de veces por ahí en la infancia y la adolescencia, en los años 50 y 60, porque de Barranquilla íbamos con frecuencia al Rodadero, luego era al Hotel Irotama, a una cabañita que teníamos ahí.  Ese hotel queda más cerca del aeropuerto que de Santa Marta.  Por la playa me iba caminando hasta el aeropuerto, y regresaba ya al atardecer, porque era una caminata bastante larga.  Hace unos años me dijeron que ahora atracan por ahí.  En esa época no había puente sobre el Río Magdalena , el paso era sobre planchones (los transbordadores que llaman ferries) y los carros tenían que esperar durante horas para poder pasar al otro lado.

41.  Gaitán menciona lo de los cinco minutos de disparos sobre la gente de la plaza en su debate, en la cuarta y última sesión.    


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Reseña del libro de María Tila Uribe (ver nota # 7)

Boletín Cultural y Bibliográfico
Vol. 31, # 37 (1.994)
Reseñas

Recuerdos heredados

Los años escondidos. Sueños y rebeldías en la década del veinte
María Tila Uribe
Cerec-Cestra, Santafé de Bogotá, 1.994, 353 págs.


El libro de María Tila Uribe fue un parto doloroso y tal vez por ello se demoró tanto en salir a la luz pública, cuando estaba listo desde hacía años.  Tila, como la llamamos quienes la conocemos, no tuvo
educación formal, y sin embargo terminó siendo maestra autodidacta en materia de enseñanza de adultos.  Es además, y no se trata de cualquier detalle, hija de Tomás Uribe Márquez, destacado intelectual de los años veinte y secretario del Partido Socialista Revolucionario.  Tal vez en estos breves
rasgos biográficos radique la explicación de por que Los años escondidos no fue editado hasta el año pasado.


Sin ser historiadora profesional, Tila Uribe se adentra en los vericuetos del pasado a desentrañar unos hechos que no vivió pero de los cuales guarda un recuerdo "heredado".  Son hechos que coinciden con los últimos años de su padre.  Por ello fue más doloroso aún el parto, si se me permite abusar de la metáfora: ella quería (re)hacer la historia verdadera de su padre y de la generación que lo acompañó.
Puso, por tanto, todo su intelecto en la recolección minuciosa de documentación de los años veinte desde la perspectiva de esa generación que le es tan cara.  Por eso su historia, la que ella reconstruye, se mueve entre el pasado y el presente en ese continuo ir y venir propio de los afectos.  Es una historia
de seres humanos de carne y hueso, de sueños y rebeldías de gentes, como suele designarlas, muy cercanas; no es una reconstrucción fría de modos de producción o de estructuras políticas o ideológicas.


Por ello se demoró tanto en terminar éste libro, pues a las consideraciones ya enumeradas se agrega su
natural perfeccionismo.  Si por ella fuera, todavía estaría buscando más documentos, leyendo los últimos libros sobre el tema, entrevistando a más sobrevivientes, recolectando fotos desconocidas o esculcando
el último baúl en busca de recuerdos perdidos.  Estoy seguro de que lo publicado no refleja sino la quinta parte de lo recopilado, pero ya era hora de que el libro se produjera.  


Se entiende así que éste texto sea de todo un poco, en el mejor sentido de la expresión.  Es una biografía, un anecdotario, un testimonio, un juicio y una reconstrucción de una generación rebelde y de paso uno de los mejores textos publicados sobre el socialismo revolucionario.  De ahí los evidentes logros, pero también los defectos o limitaciones.


Comencemos por estos últimos, como es usual en éste tipo de reseñas.  Por tratarse de la biografía
contex­tualizada de su padre, a Tila le es difícil tomar distancia.  Ello en sí no tendría problema, pues si
se tratara de negar los afectos para escribir historia, muy pocas biografías saldrían a la luz pública.  Extraño, eso sí, como lector y como historiador, referencias explícitas a los archivos donde reposan documentos claves que se citan a lo largo del texto: por ejemplo, el testimonio de Juan Francisco Cuéllar (págs. 51-52) --en la página 23 se menciona una entrevista hecha en 1.960 (¿se trata de la misma
fuente?)--, o las memorias de Carlos Cuéllar (págs. 89-92), o los documentos transcritos en las páginas 259-260, o la carta de Tomás mencionada en la página 260.


Estoy seguro de que en los primeros casos se trata de documentos familiares que reposan en su poder
y que en los dos últimos fue un descuido que fácilmente se superará en la siguiente edición (pues estoy
seguro de que habrá otras).


Lo mismo podrá ocurrir con algunas pequeñas imprecisiones históricas, como el decir (pág. 46) que en
1.923 había desaparecido el Partido Socialista, o ubicar el destierro de los artesanos de las Sociedades Democráticas treinta años después (pág. 103), o llamar "general" al Ministro Ignacio Rengifo, quien seguramente quiso ser militar pero no lo fue sino de mente.  Es bueno precisar también la fecha de retorno de Francisco de Heredia al país, situada en el texto en1.922.


Hay, por último, cierto tono apologético al situar a su padre dentro de la "verdad" histórica, que convierte a ratos el libro en un juicio político a posteriori.  Las polémicas con Torres Giraldo (pág. 157) o con Mahecha (pág. 301), además de un par de referencias anacrónicas a la antigua URSS, bajan el nivel
de un texto que tiene el rigor y la seriedad necesarias como para considerarlo dentro del género de la historia.


Para salirle adelante a estas críticas, María Tila Uribe buscó hacer una biografía contextualizada de su padre y de la generación de socialistas revolucionarios de los años veinte.   Ahí radica su novedad e importancia.  El tema, un poco trillado, pero no trabajado en profundidad, recibe nuevas luces con el libro en cuestión.  El solo rescate de la figura de Tomás Uribe es ya un mérito, pero son también aportes su
ubicación como intelectual, el peso de los viajes en su formación (España y el anarquismo, México y la revolución, Venezuela y el contacto con otros rebeldes igualmente soñadores con quienes se planearía la insurrección del '29), el papel de las mujeres en la organización y la vida del PSR (de hecho, se puede
decir que, sin ser un libro feminista, hace visible a la mujer en una dimensión que sólo se le reconocía a María Cano), y la vida cotidiana de las organizaciones obreras y socialistas de esos años, apoyadas
en grupos de amistad y casi de familia extensa (Tomás era primo de Heredia y de María Cano, quien a su vez era prima de Luis Tejada, y Tomás mismo estuvo emparentado con los Cuéllar, y así podríamos seguir), pero la importancia del libro de Tila no está solamente en el contenido.  También radica en el uso novedoso de los métodos históricos.


Como dije al principio, no es ella una historiadora profesional y, sin embargo, incursiona en la disciplina con tal maestría que la hace una verdadera autodidacta no sólo en menesteres educativos sino también de las ciencias sociales.  Me refiero al intento de hacer  una reconstrucción no individual sino grupal, cercana a las propuestas anglosajonas de prosopografía o del estilo narrativo lleno de anécdotas y de un fino humor no muy común en los adustos libros de historia que hace no sólo ameno el texto sino más cercano a nuestras historias cotidianas.  Tila, sin mucho alarde teórico, se mete por los vericuetos de la cultura tocando una de las temáticas que más novedad le han traído a la historiografía.  


Por todo ello no es cualquier reconstrucción la que nos ofrece: se trata de una obra renovadora por su contenido, convirtiéndose en una de las mejores historias del socialismo revolucionario, pero también por los métodos usados, salvo pequeñas imprecisiones y descuidos fácilmente corregibles, que la colocan en la punta de los procedimientos historiográficos. Por ello estoy seguro de que los lectores disfrutarán Los años escondidos y aprenderán mucho, reconociendo de paso el papel que alguien olvidado, como lo fue Tomás Uribe Márquez, desempeñó en la Colombia de los años veinte.


La misión de Tila está cumplida, y éste parto no fue en vano.


Mauricio  Archila  N.