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viernes, 30 de octubre de 2015

La música de cámara

Es el sexto informe de una serie de más de veinte sobre temas de música de la revista "MD en español", ya desaparecida, que se incluirá aquí (éste, titulado Musique de chambre, de su número de agosto de 1.976).  En éste caso tampoco tiene notas al final el original: todas las siete son mías.  Ver detalles sobre la fuente en la introducción al primer informe, que es sobre el violín


Fenómeno curioso en la vida cultural contemporánea es el interés cada día mayor que suscita la música de cámara: del enrarecido ambiente de los cognoscenti se ha ido infiltrando en miles de hogares de América y Europa, atrayendo a todo un ejército de fervientes melómanos, muchos de ellos médicos.

Orígenes

La música de cámara nació hacia finales del Renacimiento en las suntuosas villas de los nobles italianos como una forma profana y doméstica de la florida música religiosa y teatral que imperaba a la sazón.  Al poco tiempo no podía faltar en ninguna casa de la aristocracia un músico de cámara encargado de componer cantos (cantata da camera) y madrigales (madrigali da camera).  Hacia finales del siglo XVI, cuando se popularizó el violín, se puso también de moda otro tipo de composición: la sonata da camera.

Los experimentos alcanzaron tal éxito que se propagaron fuera de Italia, dando lugar a los famosos consorcios de violín de la corte de los Estuardos (1) de Inglaterra y a los no menos famosos conjuntos reales de cámara de Francia.  Reyes, nobles y cardenales se disputaban los servicios de los músicos más célebres, y gracias a su mecenazgo alcanzaron gran renombre maestros de la talla de Arcangelo Corelli y Antonio Vivaldi en Italia, Jean-Philippe Rameau y François Couperin en Francia y Henry Purcell en Inglaterra.  Los alemanes, que empezaron a destacar en época relativamente tardía, aportaron al repertorio las composiciones de Johann Sebastian Bach y las obras creadas por George Frederick Handel en Inglaterra.

La música de cámara predominante en aquella época no estaba sujeta a fórmulas fijas.  Por lo general se trataba de suites (2) que comprendían un número variable de movimientos ejecutados por un clavicémbalo y un número indeterminado de instrumentos de cuerda.  Dos grupos instrumentales interpretaban en concierto temas independientes, apoyados por el bajo continuo del clavicémbalo, que marcaba la armonía (3).  Con el tiempo evolucionó una forma en que un grupo proporcionaba la línea melódica y el otro el acompañamiento conservando el bajo continuo, y esto a su vez dio lugar al concerto grosso orquestal, y más tarde al concierto y a la sinfonía modernos.

El primer antecedente histórico de la música de cámara moderna fue un cuarteto para cuerda [sic (casi siempre escrito así, en el singular, en éste informe)] compuesto en el siglo XVII por el italiano Gregorio Allegri.  La segunda generación, surgida años más tarde, se caracterizó por los cuartetos de compositores italianos tan destacados como Alessandro Scarlatti, Guiseppe Tartini y los hermanos Guiseppe y Giovanni Sammartini.  Finalmente fue la escuela alemana de Mannheim, bajo la dirección del compositor y violinista Johann Stamitz, la que creó en el siglo XVIII los primeros cuartetos  para cuerda de cuño moderno.

La escuela de Mannheim dio a cada instrumento una voz individual, descartó el bajo continuo y fijó el número normal de movimientos en cuatro, estableciendo así el principio básico de la sonata-allegro.  Preparó el camino a Joseph Haydn e inauguró el monopolio germánico sobre la música de cámara, monopolio que habría de prolongarse hasta la muerte de Brahms 150 años más tarde.

Padre de la sinfonía.  En la historia de la música son contadísimos los casos tan identificadas con la maduración de una forma que el desarrollo de esta viene a ser un reflejo fidelísimo de su propia evolución artística.  Uno de ellos lo representa la trascendental influencia que ejerció Haydn sobre el cuarteto para cuerda. 

Cuando en 1749, a la edad de 17 años, Haydn abandonó el coro de la catedral vienesa de San Esteban para salir en busca de fortuna, la forma más popular era el divertimento según lo concebía Florian Gassmann, por entonces uno de los compositores más notables de Viena.  Se trataba de alegres obras en cinco tiempos para instrumentos de viento y de cuerda.  Tenían dos minués y por lo menos un movimiento de danza más, y generalmente se las ejecutaba al aire libre.  Haydn pasó su época de aprendizaje estudiando los cuartetos de Mannheim pero componiendo e interpretando divertimenti para ganarse la vida.  Aprendió de éste modo a prescindir del bajo continuo de clavicordio y adquirió su característica facilidad para los tiempos de danza y las voces de cuerda armónicas.

La mayoría de entendidos considera que el máximo esplendor de su genio se manifiesta en los últimos ocho cuartetos escritos entre 1797 y 1799.  El más famoso de estos es el "Cuarteto del Emperador", así llamado por el himno del Emperador Francisco, que Haydn empleó como tema del adagio.  Le sigue en popularidad el "Cuarteto en mi bemol" (op. 76), que tiene un tema vigoroso y diversas variaciones en el primer movimiento, así como una evocadora Fantasía en el segundo, pasando de una modulación onírica a otra.  De entre sus restantes 83 cuartetos no resulta fácil para los verdaderos entusiastas de la música de cámara elegir sus composiciones predilectas, pero por lo general prefieren "La Alondra" (opus 64, número 5), por su primer movimiento cantado.

Fuente de tesoros.  Tras la muerte de Haydn los compositores románticos no perdieron el tiempo en transformar el modelo que él les había legado en los preciosos tesoros estimados en la actualidad tanto por profesionales como por aficionados.  La mayoría de ellos utilizó dicho modelo para experimentar con sus propias ideas creadoras y desarrollar su personalidad individual.  Beethoven, por ejemplo, comenzó con tríos para piano a los 15 años, pasó a los tríos para cuerda, luego a los cuartetos para cuerda y finalmente a las sinfonías.

En éste proceso llevaron la forma a sus límites extremos, empleando cualquier número y variedad de instrumentos, y por último la redujeron a cinco géneros mayores (dúos, tríos, cuartetos, quintetos y sextetos) y tres menores (septetos, octetos y nonetos).  El cuarteto para cuerda aún constituía la médula del arte.  De los demás instrumentos, seguía en popularidad el piano (dúo, trío y quinteto), y a continuación la flauta.  Apenas se empleaba los instrumentos de viento metálicos, y en cuanto a los de percusión, no se los utilizaba nunca.

Mozart escribió una plétora de composiciones deliciosas.  Después de Haydn es el autor favorito entre los aficionados a la música de cámara.  Sentía una predilección especial por el divertimento y ensayó no pocas variaciones alegres del mismo.  La más conocida de estas es la famosa Eine kleine Nachtmusik (4), que para muchos pertenece más a la categoría de serenata que a la de divertimento.

Beethoven supone un reto incluso para los profesionales, y los aficionados lo abordan no sin timidez.  Los tres cuartetos de Razumovski son probablemente los más melódicos y los que con mayor frecuencia interpretan los aficionados: fueron escritos en 1806 en honor del Conde Razumovski, amigo íntimo del Zar Alejandro I, y tienen varias canciones populares rusas.  A sus seis últimos cuartetos se los considera como el apogeo del arte de la música de cámara.  Beethoven los compuso durante los postreros cinco años de su vida, cuando padecía sordera total, ictericia periódica, fuertes dolores abdominales y diarrea.  Tienen algunas de sus expresiones más dramáticas, así como sus más avanzadas estructuras armónicas.

Schubert dotó a la música de cámara de sus momentos más líricos.  Basó su "Quinteto de la trucha" en la popular canción vienesa Die Forelle.  El cuarteto de "La doncella y la Muerte" tiene como segundo movimiento cinco exquisitas variaciones sobre el lied conmovedor Der Tod und das Mädchen (5), compuesto por él mismo.  Schumann era ante todo un pianista, y su fogoso espíritu romántico se reflejó en sus tríos, cuartetos y quintetos para piano, sus obras de cámara más estimadas.  Mendelssohn, cuyo interés se centraba principalmente en la forma, alcanzó proporciones casi sinfónicas en sus piezas "Septeto -" y "Octeto para cuerda", y es mejor conocido por estas que por sus cuartetos.

Brahms siguió el ejemplo experimental de Beethoven.  Perfeccionó sus característicos cuadros armónicos y rítmicos en sus composiciones de cámara y más tarde los aplicó a sus conciertos y sinfonías.  Durante el proceso de experimentación concedió la misma importancia a todas las combinaciones instrumentales y creó uno de los más bellos cuartetos para piano (sol menor) del repertorio.  Una de las obras que gozan de mayor popularidad entre los aficionados es su "Cuarteto para cuerda en la menor" (op. 51), dedicado a su amigo más íntimo, el eminente cirujano y musicólogo alemán Theodor Billroth.  A pesar de su enfoque, que en ocasiones resultaba austero, figura entre los compositores predilectos de los aficionados que cultivan la música de cámara.

Durante la segunda mitad del siglo XIX nuevas influencias hicieron peligrar la hegemonía germánica en el campo de la música de cámara.  La amenaza principal procedía de algunos países eslavos.  Los compositores checos Bedrich Smetana y Antonin Dvorák, innegablemente influenciados por Brahms, introdujeron, no obstante, una buena dosis de lirismo eslavo en sus composiciones.  Entre las más importantes de éste género figuran el cuarteto "De mi vida" de Smetana y el "Cuarteto americano" de Dvorák, ambas de inspiración autobiográfica.  A Rusia debemos dos obras maestras de la melodía eslava: el "Cuarteto para cuerdas en re" de Tchaikovski, cuyo movimiento andante cantabile es mundialmente célebre como piedra de toque melódica, y el "Segundo cuarteto para cuerdas en re menor" del químico y gran compositor petersburgués Aleksandr Porfirievich Borodin.

La competencia francesa, con la música de cámara de César Franck, también fue importante.  En sus obras "Quinteto para piano", "Sonata para piano y violín" y "Cuarteto para cuerda", que inspiraron a toda una generación de jóvenes compositores franceses, supo combinar la belleza de forma clásica con una innata delicadeza gala.  Entre sus seguidores figuran Ernest Chausson (Chanson perpétuelle para soprano y quinteto de piano), Guillaume Lekeu ("Sonata para violín y piano") y Gabriel Pierné ("Quinteto para piano").

Uno de los músicos más jóvenes enardecidos por el genio de Franck fue Claude Debussy, iniciador del movimiento impresionista en la música de cámara.  Una de las particularidades de los impresionistas, que crearon algunas de las obras literarias más extravantes, era que concedían mayor importancia a la armonía y el timbre que a la forma.

Maurice Ravel cerró el ciclo impresionista con su propia nota fosforescente: el "Cuarteto para cuerda" y el "Trío para piano" figuran entre las piezas esenciales de cualquier repertorio cabal, pero se considera que la mejor de sus composiciones de cámara es la poética "Introducción y allegro para arpa, cuarteto de cuerda, flauta y clarinete".  En realidad esta pieza constituye un exquisito concierto en miniatura para arpa y conjunto de cámara.

Época moderna.  A pesar de las innovaciones introducidas por los impresionistas y otros representantes del último período del romanticismo, las formas de música de cámara tradicional lograron sobrevivir a las conmociones del siglo XIX sólo para verse sometidas a mayores amenazas en el siglo actual, sobre todo por parte de Arnold Schoenberg (1874-1951).  Nacido en Viena y naturalizado en los Estados Unidos, Schoenberg consideraba la música como un vasto laboratorio experimental y der manera audaz se propuso modificar su orientación tonal y rítmica, rehuyendo los principios de las teorías clásicas.

Primero trató de cambiar la forma de la música de cámara y creó su temprana obra maestra titulada Verklärte Nacht (1903) (6), morfológicamente un poema musical para sexteto de cuerda y soprano, pero todavía dentro de la tradición "tonal".  Su siguiente obra de cámara fue el "Primer cuarteto para cuerda" (1904), algo menos radical en el sentido de que los cuatro movimientos se los ejecuta sin interrupción.  Su "Segundo cuarteto para cuerda", que habría de componer unos tres años más tarde, fue la última de las obras que escribió con clave.

Entonces Schoenberg inició la fase experimental que habría de llevarle a la técnica dodecafónica.  El primer fruto fue Pierrot lunaire (1912), que constaba de 21 piezas independientes orquestadas para cinco instrumentos (flauta, clarinete, violín, violoncello y piano), tres instrumentos alternantes (flautín, clarinete bajo y viola) y una recitadora.  En 1923 ya había madurado su técnica dodecafónica, que se manifestó en todo su esplendor en su Serenata para siete instrumentos y voz de bajo.

Alban Berg y Anton Webern, ambos discípulos de Schoenberg, propagaron la fe de éste a su propia manera: la más destacada composición de cámara de Berg es la "Suite lírica" para cuarteto de cuerda en seis movimientos, en parte dodecafónica, y la de Webern el difuso y atonal "Cuarteto para violín, saxofón, clarinete y piano".  Desde entonces ha surgido todo un ejército de dodecafonistas jóvenes y radicales que hacen uso de la música de cámara con el propósito primordial de experimentar distintas facetas: atonalidad, politonalidad, intervalos de un cuarto de tono y caprichosos cuadros rítmicos.

A pesar de estos ataques, el cuarteto para cuerda sigue en pleno vigor, y encontró su expresión moderna más elocuente en los seis cuartetos del compositor húngaro Bela Bartok (1881-1945).  Al igual que Schoenberg, Bartok pasó de unos comienzos románticos a una fase experimental, y más tarde volvió a la más pura esencia de su arte, una combinación de vívida melodía, ritmos húngaros y sus propias y originalísimas estructuras tonales.

Otros destacados compositores modernos, como el alemán Paul Hindemith, los franceses Darius Milhaud y François Poulenc, los rusos Serge Prokofiev y Dimitri Shostakovitch y los norteamericanos Aaron Copland, Roy Harris y Roger Sessions todavía operan dentro de los cánones clásicos y producen excelente música de cámara.  El fallecido individualista norteamericano Wallinford Riegger combinó su propio tipo de música dodecafónica con el clasicismo y creó numerosas obras líricas de gran originalidad.

Música casera.  La creciente popularidad de que goza actualmente la música de cámara cierra el ciclo histórico de éste género puesto que se inició en el hogar durante el Renacimiento y al hogar ha vuelto 400 años más tarde.

La mayoría de los sociólogos de la música atribuyen esta popularidad a dos factores: la televisión y los discos de alta fidelidad.  El vacío intelectual creado por aquella ha venido a ser colmado por estos, dando a conocer al aficionado toda la deliciosa panorámica del repertorio de la música de cámara en su propio hogar.  Muchos antiguos niños prodigio frustrados se han animado de éste modo a pulimentar su técnica y buscar a otros tres instrumentalistas de cuerda de inclinación similar a la suya para organizar veladas musicales.  Con el fin de ayudar al aficionado, muchas casas grabadoras han lanzado discos en los que falta la primera o la segunda parte del violín, permitiéndole así practicar a solas las grandes joyas de la música (7).

Esta tendencia ha adquirido tal auge que se ha confeccionado una lista nacional de aficionados a la música de cámara.  Cualquier melómano forastero que llegue a una ciudad acompañado de un instrumento y el deseo irresistible de interpretar música de cuarteto puede hallar en menos de una hora un grupo que le admita entre sus miembros.

Colofón.  Por un médico violinista de Los Ángeles: "Tenemos violinistas de sobra, pero andamos muy necesitados de violonchelistas, y ante todo, de violas.  No obstante, el trabajo en equipo es la mayor necesidad, y en éste sentido precisamos más internistas y médicos generales para nuestros cuartetos.  Los cirujanos suelen ser demasiado presuntuosos para acoplarse bien a un cuarteto, pero nos encanta y no renunciaríamos a ello por todo el oro del mundo, y me refiero también a los cirujanos.  Nos proporciona un contacto más íntimo con los grandes compositores y su música de lo que pudiera ofrecernos una velada en una sala de conciertos o en la ópera." 




NOTAS


(1)  Es la forma castellanizada del nombre de la dinastía real europea de los Stuart (nombre que en Escocia escriben así: Stewart).  En castellano existe el apellido "Estuardo".  Esa dinastía comenzó a reinar en el Reino de Escocia en el siglo XIV tardío y luego a comienzos del XVII heredó los reinos de Inglaterra (que incluía a Gales) e Irlanda, cuando la dinastía real inglesa de los Tudor terminó porque la famosa Reina Isabel I (la actual es la segunda Isabel), hija del cruento Enrique VIII, que decapitó a no recuerdo ya cuantas esposas (incluyendo a la madre de Isabel, que fue Ana Bolena, si recuerdo bien esto), murió sin haber tenido prole.  Fue la Reina Virgen (o así le decían, fuera cierto o no, asunto en el que no quiero inmiscuirme).  La viruela le desfiguró el rostro y eso la afectó mucho, pero su médico logró consolarla diciéndole que debía agradecer a su Creador el hecho de que el mal no la hubiera matado.  Terminemos aquí con la lección de historia.  De lo contrario esto se nos va a convertir en un curso completo de historia de quienes ahora se hacen llamar "británicos" (con lo que quieren evocar la época en la que Roma los sacó de la barbarie permanentemente).  Éste es el pasaje pertinente en mi transcripción relacionada con la viruela (http://transcripcionesreveladoras.blogspot.com/2013/05/historia-de-la-viruela.html):

Para algunos, terminar sus días desfigurados era peor que una muerte temprana.  En 1.562, cuando la Reina Isabel I tenía 29 años, le fue diagnosticada la infección de la viruela y pronto entró en coma.  Cuando despertó quedó conmocionada por las pústulas en su rostro.  Era un golpe a su vanidad, especialmente porque toda su vida había rivalizado con su prima, la hermosa María Estuardo, Reina de Escocia.  Su médico calmó sus temores y le recordó amablemente que debía estar agradecida de seguir con vida.  Isabel permaneció encerrada hasta que sus cicatrices desaparecieron, otros nunca salieron de su encierro.  [La Reina Isabel usaba una capa gruesa de polvo cosmético para disimular las cicatrices.]  Los monasterios cristianos se convirtieron en refugios habituales para las mujeres europeas cuya belleza y futuro habían sido destruidos por la enfermedad.   

(2)  Éste término está explicado en el curso de música (http://transcripcionesreveladoras.blogspot.com/2014/12/curso-de-musica.html).
 
(3)  También en el curso antedicho se explica los términos "bajo contínuo" y "armonía".

(4)  Significa en alemán "Una pequeña serenata (Nachtmusik es literalmente 'música nocturna')".  Es la "Serenata No. 13 para cuerdas en sol mayor", K 525, para conjunto de música de cámara.

(5)  En alemán, "La muerte y la joven".  "Mujer joven" también es Jungfrau.  Hay un vino llamado Jungfraumilch, "leche de mujer joven", y otro llamado Liebfrau(en)milch, "leche de la Amada Dama", una alusión a la Virgen María.  Ambos son vinos blancos alemanes.

(6)  "Noche transfigurada".  El adjetivo tiene una segunda acepción, que es "radiante".  Es el "Sexteto para 2 violines, 2 violas y 2 violoncelos", op. 4 (1.899).  Schoenberg pudo haber sido asesinado si hubiera regresado a Alemania luego de unas vacaciones en Francia.  Hitler acababa de ser elegido Canciller (1.933) y alguien advirtió a Schoenberg que regresar sería peligroso.  No habiendo podido conseguir puesto de docente en el Reino Unido resolvió establecerse en los Estados Unidos de Norteamérica.  Se había cristianizado pero luego de lo de Hitler decidió regresar a su primera fe y lo hizo formalmente en una sinagoga de París.  El asunto de la conversión al cristianismo aparece mencionado en otra de mis transcripciones (http://transcripcionesreveladoras.blogspot.com/2014/04/los-tonos-dodecafonicos-de-la.html).

(7)  Eso fue como un antecedente refinado de la moda japonesa ligera del karaoke.


   

  


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