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miércoles, 28 de agosto de 2013

"El Poderoso Continente" (J. Terraine) [1]


[Es una serie histórica británica de televisión del '74 titulada The Mighty Continent -- A View of Europe in the Twentieth Century, que tradujeron como "El poderoso continente: Una semblanza de Europa en el siglo XX".  En septiembre del 2.000 pude grabar 10 de los 13 episodios.  No recuerdo ya por que faltan los últimos tres.   


Se trata, claro, de las primeras tres cuartas partes del siglo.  Lo que sucedió después de eso fue que la Comunidad Europea cambió de nombre (ahora es una "Unión") y se expandió de manera absurda.  Quedó convertida en una mezcolanza tan dispareja que pronto se va a disgregar, dicen algunos.  El peso muerto de la panza blanda de Europa no la deja avanzar y la tiene resoplando y sin aliento.  (Churchill la llamaba the soft underbelly of Europe.)  Esa panza incluye a España, que es donde comienza África (Napoleón I).  (Comienza en los Pirineos, y desde 1.492 termina en los Andes.)  Fueron cuatro decenios de estancamiento franquista, por la consigna de la autarquía, luego los "fondos estructurales" obsequiados a control remoto desde Bruselas sacaron de la pobreza a la pobre España (y a Irlanda), con la ayuda de los turistas teutones tostados al sol.  Por último se presentó la crisis del 2.008, la de la "burbuja inmobiliaria" que se reventó y acabó con la rumba.  Dejo ahí los cimientos para una continuación de la serie. 

Alternan los comentarios de Peter Ustinov, actor de otra época (mi propia infancia y mi juventud, "divino tesoro", en los años 50 y 60), con la narración "fuera de cámaras" del historiador John Terraine, que falleció poco más de tres años después de ver yo tardíamente la serie y fue quien escribió el guión.  Ese pasar de lo uno a lo otro periódicamente lo señalo en la transcripción a todo lo largo del texto.  Lo de Ustinov son sus propios comentarios (with personal comments by Peter Ustinov, anuncian al comienzo de los episodios). 
La traducción al castellano ("español" es gentilicio, oí decir) es tan remala que abundan los pasajes incoherentes.  Su sentido lo puede adivinar solamente alguien que hable inglés, así que mi transcripción es íntimamente mía, por lo que la labor será doblemente lenta de lo que lo sería de otra manera.  Demoraré unas cuatro semanas mejorando y digitando los otros nueve capítulos.  Son de 50 minutos, transformados en unas 24 páginas de manuscrito, que multiplicadas por diez dan 240. 

Lo de los episodios faltantes no sería ningún problema si no fuera porque una tarjeta débito plateada MasterCard SunTrust que es la única internacional que tengo es exclusivamente para retiros en cajero automático.  Agradecería que algún lector hiciera el sacrificio de enviarme el libro.  Eso permitiría traducir y agregar los otros tres.  Además podría orientarme mejor a la hora de redactar versiones propias de los pasajes caóticos.  Varios sitios en la Red ofrecen ejemplares de segunda mano muy baratos. 

    
                                                         

                                                         Una de las ediciones del libro 

Lo de "poderoso continente" es otra manifestación del síndrome del eurocentrismo provinciano.  A mí, por ejemplo, me enseñaron en el colegio que dizque eran cinco continentes --Europa, Asia, África, América y Oceanía, en ese orden--, pero eso es falso.  En primer lugar, América son dos continentes muy evidentes (y un istmo extraño), en segundo lugar, igual de obvio resulta que Europa es meramente un extremo de la mayor masa continental (igual de absurdo sería afirmar que el extremo opuesto, o sea, China, e incluso China con la Indochina, es un continente), y en tercer lugar, ni siquiera nos mentaron la Antártida, como si no existiera, así que son entonces seis.  Suprimimos uno, el total baja a cuatro, luego agregamos dos y queda en seis.  Ahora que todo se está derritiendo, la Antártida va a convertirse en el continente más codiciado y los pingüinos van a desaparecer.

Como ya dije hace poco, pensaba regresar a los temas de medicina indefinidamente, por ser más prácticos, y porque entre los temas de historia que he podido acumular es poco lo que no sea sobre el Occidente, que me interesa menos que las demás culturas, pero esto de la serie sobre el "poderoso etc." ha estado ahí arrumado demasiado tiempo y no pienso morirme sin aprovecharlo.  Por eso habrá que volver a los asuntos históricos en los próximos meses, temporalmente.  Luego de la presente serie vendrá otra histórica de TV, sobre los viquingos, igual de extensa.]      




                                                       Escena del asesinato del archiduque


1.  El redoble de los tambores

[Peter Ustinov:]  En el año de 1.900 los imperios estaban en el apogeo de su poder.  Su fuerza económica igualaba su fuerza política.  Durante muchos siglos los europeos habían marchado y navegado por todo el globo plantando sus banderas y cruces para celebrar su misión histórica.  En aquellas raras ocasiones en que encontraban resistencia exitosa de fuentes diferentes a sus rivales europeos siempre se las ingeniaban para vengarse en los nativos y extender sus dominios.  Los cañoneros eran importantes por el dinero que producían y una expedición punitiva se consideraba de un alto valor moral.  Generalmente era aceptado que la destrucción de una aldea nativa, al igual que el castigo impuesto a un  escolar, era llevado a cabo por el bien de la víctima, y como sucede en los momentos de triunfo, no parecía existir una razón moral por la cual estos hechos no debieran perdurar para siempre.

[John Terraine:]  Fue en 1.904 cuando surgió repentinamente una curva en la trayectoria de la historia europea: la corriente histórica fue invertida.  Podría decirse que el otoño del poderoso continente comenzó en ese año porque 1.904 fue el comienzo de ciertas funestas reacciones en cadena, el año en que los tambores comenzaron a redoblar.

El poderío militar de la Rusia imperial en 1.904 era de una fuerza desconocida: no había sido puesto a prueba en acciones serias por cerca de 30 años.  Aun así el poderío militar de Rusia se daba como un hecho a través de Europa, a través del mundo.  Rusia era sin lugar a duda el más grande e inexpugnable de los imperios europeos, como descubriría Napoleón pagando un alto precio por ello.  La fuerza del Ejército ruso permanente era de más de un millón de hombres, y si se tomaba en cuenta las reservas, ese número podía ascender a tres y medio millones.  Cualesquiera que fueran sus debilidades internas, en términos militares el Imperio Ruso parecía invencible.  En 1.904 su poder fue puesto a prueba en la guerra contra Japón. 

El lugar de la contienda fue Puerto Arturo, en Manchuria.  Diez años antes Japón había capturado Puerto Arturo a China sólo para verse forzado a ceder su propiedad a causa de los poderes combinados de los europeos y Rusia se lo había arrebatado, convirtiéndolo luego en una base naval rusa protegida por modernos fuertes y artillería, defendido por un gran ejército y un escuadrón naval, pero Puerto Arturo se encontraba en uno de los lugares más lejanos del Imperio Ruso, a 5.500 millas de Moscú.  Su contacto con la Rusia europea era únicamente a través de un  ramal del ferrocarril transsiberiano.  En el mejor de los climas tomaba entre cuatro y seis semanas hacer el viaje.  Éste fue el primer problema ruso que fue insuperable. 

El segundo era el carácter de su enemigo.  Japón fue el único país asiático que logró imitar la tecnología de la poderosa Europa.  Era el único país asiático con un ejército y una marina modernos basados en una industria moderna.  Sus métodos eran también modernos: sin declarar la guerra los japoneses atacaron el escuadrón naval de los rusos en Puerto Arturo causando numerosas pérdidas. 

El London Times comentó: "La Marina japonesa, gracias a la audacia varonil del Mikado y sus consejeros, ha tomado la iniciativa y ha comenzado la guerra con una acción atrevida.  El escuadrón ruso, respondiendo a la agresión, invitó al ataque.  La invitación fue aceptada con prontitud con una puntualidad digna del honor de la Marina de nuestros gallardos aliados."  Como sabemos, en 1.904 el Imperio Japonés era aliado de Gran Bretaña, pero 37 años después el London Times utilizaría palabras diferentes para describir una hazaña similar, en Pearl Harbor [alusión al ataque japonés en diciembre de 1.941 que llevó a los Estados Unidos a unirse a los Aliados de la II Guerra Mundial].

La guerra contra Rusia resultó estar llena de sorpresas.  La Armada japonesa forzó a los rusos a regresar a Puerto Arturo y se apoderó de él sólo cinco meses después.  Posteriormente desafió la artillería rusa en Mukden, la batalla más grande de la guerra, y en términos numéricos, la más grande de la historia en esa época […pero no según otras fuentes, que afirman que había sido la mayor desde la de Leipzig (1.813), una de las napoleónicas].  Después, en 1.905, la flota báltica rusa, habiendo cruzado el Mar del Norte, el Atlántico Norte y Sur y el Océano Indico y habiendo entrado al Pacífico occidental llegó al Estrecho de Tsushima y fue destruida en tres cuartos de hora.  Europa se encontraba ante el hecho increible de que una flota europea moderna había sido aniquilada por una flota asiática aun más moderna.  En lo que a Rusia respecta, éste fue el golpe de gracia.  Tres meses después se firmó la paz.  Japón había ganado.

Las consecuencias de esta guerra fueron prodigiosas.  La victoria del David japonés sobre el Goliat ruso estremeció a todos los poderosos imperios europeos.  El continente africano, pero sobre todo el asiático, habían despertado de su sueño de siglos.  En el subcontinente de la India [donde dicen ser más bien un subcondimento, por su gastronomía supercondimentada] la posesión más preciada del reino británico, los ingleses presagiaron cambios.  Bajo la actitud aparente de indudable lealtad comenzaron a circular nuevas ideas.  "Es imposible exagerar los efectos que ha causado la victoria japonesa en la mente hindú," dijo un estudiante hindú.  [¿Tradujeron Indian como "hindú"?  No son lo mismo "indio" e "hindú".  Lo primero es un gentilicio, lo segundo se refiere a los seguidores de una de las varias religiones que se practica en la India.]  Los soldados indios sirvieron al ejército del reino británico con devoción [eran los sepoys o "cipayos", término que se convirtió en uno despectivo para designar a todo nativo que se muestra adulador y servil ante un invasor, como la Malinche, la amante de Hernán Cortés, y la India Catalina y Agustín Agualongo en la Nueva Granada (con el perdón de los nariñenses, que insisten en que el segundo es su gran héroe y que lo que buscaba realmente era la autonomía de su región…y puede ser, pero bajo el "amparo" del Serafín de Dios, como llamaban al rey)] pero los estudiantes indios viajaron al Japón para estudiar el ejemplo japonés, que impartió coraje a los políticos nacionalistas.  La victoria japonesa en 1.905 fue el principio de la Gran Marcha del nacionalismo asiático para independizarse de Europa.  [Véase La revolte de l'Asie (La rebelión de Asia), de Tibor Mende (c. 1.952), que describe las consecuencias eventuales.  Lo de la Gran Marcha es una metáfora alusiva a la retirada estratégica de los comunistas chinos a refugios de difícil acceso, que fue dramática porque tuvieron que soportar los bombardeos aéreos continuos de los nacionalistas del General Chiang Kaichec (Chiang Kai-Shek).]    

…pero fue en el mismo poderoso continente donde las repercusiones fueron más directas.  En Rusia la derrota propició la revolución, dejando temporalmente el imperio del zar fuera de la competencia por la supremacía europea, y esta erupción contra la clase feudal europea proporcionó una rara oportunidad de debilitar las rivalidades nacionalistas que tantas veces habían amenazado con  destruir Europa [como sucedió en la Grecia antigua por los conflictos entre sus ciudades estado, que cuando por fin se unieron fue en dos bandos rivales, el ateniense y el espartano, en una guerra devastadora, la del Peloponeso, descrita por Tucídides].  [Esa derrota fue la segunda de las tres que contribuyeron a la desaparición del régimen zarista.  La primera fue en la Guerra de Crimea, cuya consecuencia fue la abolición de la condición de siervo, y la tercera, en la I Guerra Mundial, que provocó las dos revoluciones de 1.917: la de Febrero, llamada la Burguesa por los soviéticos, y la de Octubre (en marzo y en noviembre, realmente, porque en Rusia se seguía usando el calendario juliano, que tenía un rezago de 13 días con respecto al gregoriano).]

El peligro se intensificó con una personalidad inquieta y perturbadora.  El Káiser Guillermo II ascendió al trono en 1.888 y anunció al pueblo alemán: "Estamos destinados para hacer grandes cosas y yo los guiaré hacia tiempos maravillosos."  La persecución de las "grandes cosas" y los "tiempos maravillosos" del káiser contribuyó enormemente al descontento de Europa al avanzar el siglo XX.  Uno de sus cancilleres dijo: "Guillermo II quiere brillar, hacer y decidir todo por sí mismo pero lo que él quiere hacer, por desgracia, generalmente sale mal."

El problema con Guillermo II era "talento sin disciplina".  Decididamente tenía talento.  Estaba enamorado de la idea de una gran marina alemana y uno de sus pasatiempos favoritos era diseñar barcos de guerra en hojas para telegramas, en el envés de los menús de los banquetes aburridos, en cualquier cosa.  El diseño era muy práctico.  La Marina alemana era muy peligrosa para la paz europea.  Guillermo II se veía a sí mismo como el gran jefe militar.  Su primera declaración pública como emperador fue para el Ejército: "Nosotros nos pertenecemos uno al otro.  Yo y el Ejército nacimos el uno para el otro y ambos nos uniremos de manera indisoluble, ya sea que la Voluntad de Dios nos envíe calma o tempestad."

El Jefe del Estado Mayor del Ejército alemán era el Mariscal de Campo von Schlieffen, a quien lo perseguía un temor: que la alianza entre Francia y Rusia obligaría a Alemania a combatir una guerra en dos frentes simultáneamente.  Concluyó que la respuesta debería ser atacar Francia antes de que los movimientos lentos de los rusos se fueran agilizando.  Éste fue el famoso Plan Schlieffen.

En 1.905, con Rusia temporalmente fuera de juego, Francia permanecía aparentemente sola y vulnerable pero había encontrado un amigo en un lugar inesperado.  En 1.903 el Rey Eduardo VII había visitado París.  Al llegar fue siseado por las calles por ser la personificación del codicioso poder del
Imperio Británico.  Los caricaturistas franceses tomaron venganza por la frustración perpetua de la expansión francesa, pero cuando Eduardo VII dejó París fue ovacionado, y en la atmósfera que el rey había creado con su buen carácter y su buena voluntad los gobiernos francés y británico llegaron al acuerdo de apoyarse mutuamente conocido como el [es un sustantivo de género femenino en francés y debería decirse "la"] Entente Cordiale.

[Peter Ustinov:]  En 1.905 Alemania puso al nuevo Entente a prueba por primera vez.  Tuvo lugar lo suficientemente lejos para ser remoto pero suficientemente cerca para ser peligroso, en Marruecos.  Marruecos era aparentemente un reino independiente pero los términos del Entente Cordiale lo situaban firmemente bajo la influencia de la esfera francesa: ellos ejercían un protectorado sobre Marruecos.  [Creía recordar que la expresión "esfera de influencia", o sphere of influence, que tanto usan los políticos, los politólogos y los columnistas se la había inventado un columnista de los de mi infancia, en los años 50 y 60, posiblemente Walter Lippman o Stewart Alsop.  Ahora vi que no, y que fue un entrenador de atletismo llamado Steven Covey.  Eso fue completamente inesperado.  Covey quería enseñar a los atletas a concentrarse en los factores que podemos controlar, o sea, los que están en nuestra esfera de influencia.  Lo que inventó Lippman fue la frase "guerra fría".]  Entonces en 1.905 el káiser se apareció personalmente en Tánger, aparentemente para asegurar la independencia marroquí pero realmente para forzar un desacuerdo francés. 

Ahora la pregunta inevitable era: "¿Apoyaría Gran Bretaña a Francia o no?"  Si no, el Entente Cordiale era obviamente igual de voluble que la gente que había siseado un día y ovacionado al otro, pero si Gran Bretaña apoyaba a su nuevo amigo existía un riesgo real de una guerra inmediata en Europa.  Para sorpresa de todos, incluyendo al káiser, Gran Bretaña se mantuvo inflexible en el Entente y durante la siguiente conferencia, que realmente estableció la disputa, fue Alemania quien tuvo que retroceder paso por paso, y después de éste instante difícil pero revelador la división del continente se marcó más año tras año.

Pláticas entre el personal británico y el francés comenzaron en 1.906 para planear una cooperación militar en el caso de un ataque alemán.  Al año siguiente Gran Bretaña llegó a un acuerdo con Rusia, el otro aliado de Francia, entonces el Entente Cordiale  se convirtió en el Triple Entente.  El mismo año Alemania, Austria, Hungría e Italia renovaron formalmente la Triple Alianza.  Estos dos poderosos grupos dominaron el panorama europeo y la pauta de un futuro conflicto comenzó a definirse. 

[John Terraine:]  La marcada división en grupos de las grandes potencias originó nuevos peligros y problemas para los pequeños estados europeos.  Ellos podrían recabar el apoyo de uno de los grupos o tratar de permanecer neutrales si las potencias se los permitían.  Suecia y Noruega habían tratado por años de mantener una neutralidad, especialmente una neutralidad entre Rusia y Gran Bretaña, que habían sido los principales rivales del Mar Báltico, pero ahora existía un nuevo y poderoso factor: la Marina alemana.  En cambio Escandinavia se mantuvo constantemente apartada de las contiendas europeas. 

Holanda había sido alguna vez una gran potencia europea naval y militar pero en el cambio de siglo se convirtió en un país neutral.  Los holandeses no amenazaban a nadie y esperaban que nadie amenazara su propia neutralidad tranquila y apacible pero no tenían ninguna garantía de que así sucedería. 

Las grandes cordilleras como los Alpes y los Pirineos daban otro significado a las fronteras y a la neutralidad.  Para España era posible seguir un curso independiente: sus tierras fronterizas eran defendibles y su extensa costa no invitaba nada a la invasión.  Detrás de los Pirineos España también podía mantenerse alejada de las disputas europeas.  En todo caso ya tenía demasiadas propias, un estado casi perpetuo de rebeliones en contra de la Iglesia y la monarquía.

 [Ese aislamiento geográfico debe de ser uno de los factores que explica que España sea como un extranjero en su propio  vecindario.  Por eso Napoleón dijo que "África comienza en los Pirineos".  Casi no ha participado en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, su programa familiar dominical es una celebración infame del sufrimiento físico, su gente carece de la sutileza necesaria para actuar con naturalidad en películas y representaciones teatrales --recitan de memoria, rígidamente, como colegiales--, y no hay más industrias que la de la construcción y la del turismo, sin contar con las del vino y las aceitunas, que es lo que vienen haciendo desde hace dos milenios porque lo aprendieron de Roma.  No hablemos del autogiro, ni de las neuronas de Ramón y Cajal, Premio Nobel y ave rara.  Otra cosa que tienen es bancos, que no es otra cosa que teneduría de libros, y editoriales.  Imprimirlos es soplar y hacer botellas.  Los británicos, que atribuyen ingenuamente la sequedad y la simpleza del español al clima, siempre han sido aliados de Portugal.  Tal vez haya sido esa relación lo que salvó a los portugueses de la barbarie y les ayudó a desarrollar la dulzura que los caracteriza.

¿Ya aprendieron a armar trenes en España?  En mi niñez (años 60) fue insoportable, al llegar a la frontera, tener que pasar al Talgo y permanecer durante horas saltando como si se estuviera cabalgando…un problema de amortiguadores inadecuados.  Luego de eso bajar del tren fue como alcanzar súbitamente el nirvana.  Para ser justos, poca es la música tan hermosa como la española para guitarra de los siglos XVII y XVIII, que Andrés Segovia convirtió en música de concierto…y ahí están Velásquez, Dalí, Sorolla (mejor que los dos primeros juntos, y afortunadamente nunca le atrajeron las escenas cruentas)….  Cervantes me hizo reir.  Es casi como para dejar de lado la hispanofobia, pero primero que me prohiban la tauromaquia.]   



                                                            

                                                         Galería de cuadros de Sorolla

Otras pequeñas naciones no tenían casi oportunidad de mantenerse alejadas de las querellas de las grandes potencias.  Bélgica tiene fronteras con Alemania y Francia.  En el contexto de 1.905 eso significaba que estaba situada en el paso más conveniente entre aquellos viejos enemigos.  Demasiado pequeña para defenderse sola, Bélgica dependía únicamente de las garantías de su neutralidad, convenida hacía tiempo con Gran Bretaña, Francia y Alemania, pero el Plan Schlieffen dependía secretamente de una marcha a través de Bélgica, lo que convirtió esa garantía en sólo "una hoja de papel".  [Es una alusión a la frase despectiva que usó el Canciller Bethmann-Hollweg ante el embajador británico para referirse al tratado que garantizaba la existencia, la soberanía y la  neutralidad belgas.  En su informe sobre esa conversación las palabras que usó el embajador fueron a scrap of paper, "un pedazo de papel" o "un trozo de papel", que tuvieron un impacto enorme.]

En los Balcanes los conflictos eran una forma de vida.  La violencia era normal y los ojos imaginarios de tres imperios voraces estuvieron siempre puestos en los Balcanes: Rusia, Austria-Hungría y Turquía.  En 1.908 el poderío de Turquía controlaba todavía la península balcánica, Macedonia y Albania eran provincias turcas, Bulgaria reconocía la soberanía turca, pero en ese año hubo una revolución en Turquía contra el sofocante gobierno del Sultán Abdul Jamir.  Los súbditos balcánicos de Turquía se animaban con esperanzas cuando el partido Jóvenes Turcos cobró fuerza en Constantinopla, con promesas de liberación.  [¿¿Por qué no la llama "Istambul"??  ¿Añoranza de tiempos lejanos?]  Sus esperanzas se desvanecieron cuando los pueblos balcánicos descubrieron que únicamente habían cambiado un despotismo ineficiente por uno más eficiente y por un régimen turco agresivamente nacionalista. 

[Peter Ustinov:]  El rival de los turcos en el asunto del dominio sobre los Balcanes era el Imperio Austrohúngaro, conocido también como "la Monarquía Dual".  Esto significaba entre otras cosas que tenía dos capitales: Viena y Budapest.  Éste es el Palacio Imperial en Budapest, que fue dañado seriamente durante la I Guerra Mundial.  Ahora está en proceso de reconstrucción y es tan enorme esta residencia privada para reyes que se planea convertirla ahora en sede para la Galería Nacional así como en una biblioteca, en un Museo del Trabajador, en el Museo de la Ciudad de Budapest, una institución teatral y --¡ah, sí!--, un teatro, pero en la época que nos concierne aquí es donde el Emperador Francisco José recibía y manejaba la corte en su investidura de Rey de Hungría.  Por esta causa tuvo una coronación aparte aquí en Budapest y fue investido con la espada y la corona de San Esteban, fundador de la monarquía húngara alrededor del siglo X.  Como emperador de Austria y rey de Hungría, Francisco José gobernaba obviamente a los austríacos y a los húngaros, las dos razas dominantes de su imperio, pero también reinaba sobre polacos, checos, italianos, rumanos, croatas, eslovenios, eslovacos, una impresionante cauda de súbditos.  Algunas de las instituciones del imperio de Francisco José eran por lo tanto imperiales y reales, otras eran reales e imperiales y aún otras eran reales sin ser imperiales, por lo tanto es casi imposible poner el punto sobre las íes institucionales o cruzar las tes constitucionales [es la expresión to dot the i's and cross the t's], o tratar de dejar las kas aparte, no sólo unas de otras sino también de las aes porque el emperador no sólo era kaiserlich imperial o königlich real sino que también era apostolich, apostólico. 

En esta fantasía barroca de privilegios y tradiciones arcaicas y por consiguiente también por definición carente de privilegios [¿cómo así? (esto tiene que ser una mala traducción porque no tiene sentido)] los austríacos se podían llamar a sí mismos "austrohúngaros" si así lo deseaban, pero los húngaros se consideraban exclusivamente húngaros y nada más.  Los húngaros eran ferozmente nacionalistas.  Eran una raza de guerreros a caballo que habían llegado a Europa Central como los conquistadores del este.  Consideraban que tenían un derecho divino para gobernarse no sólo a sí mismos, y lucharon ferozmente con los austríacos por ello, sino que también de gobernar a muchas otras de las razas del imperio, y las rapsodias húngaras nunca fueron canciones de cuna.  

La independencia con respecto a Austria significaba que Hungría debía tener su propio parlamento, y ahí permanece justamente al otro lado del Danubio, en Pest, con una estructura típicamente del gótico victoriano que supongo que aquí se debe llamar "gótico habsburgo" [en realidad debe ser con jota y no hache en la transcripción correcta].  Bien, ese parlamento era un símbolo del nacionalismo húngaro.  Era como una asamblea de bolsillo.  El magiar era el lenguaje oficial, y aunque más de la mitad de la población húngara no era magiar, sólo conservaba ocho de los 413 escaños.  Por ejemplo, dos millones de eslovacos tenían sólo dos diputados pero ocho millones y medio de magiares tenían 405 asientos en el parlamento.  El resentimiento por esta causa es fácil de imaginar.

En el año de 1.906 los debates del parlamento húngaro estaban generando tanto calor, por ser tan destructivos, que el viejo Rey Francisco José se vio obligado a cerrar el lugar, y para éste propósito utilizó a minorías rumanas del imperio y no a soldados austríacos.  Era parte del sistema imperial situar lejos de casa a soldados de cada nacionalidad en donde no estuvieran tentados a involucrarse en los problemas de índole enteramente local.  [Es una precaución tan elemental que resulta ser de carácter universal.  Por ejemplo, Marco Polo, en un pasaje sobre cierta provincia del Imperio Mongol, dice:  "A los hombres que son reclutados en la provincia de Mansi no se los pone a vigilar sus propias ciudades sino que son enviados a otras a veinte días de viaje, donde permanecen cuatro o cinco años.  Luego regresan a casa y se envía a otros para sustituirlos.  Éste arreglo es aplicable tanto a los de Catay como a los de Mansi."]  Consecuentemente los regimientos húngaros se podían encontrar muy solitarios en Praga vigilando a los checos, o nostálgicos en Zagreb observando a los croatas, o aburridos en Trieste, aplacando las sensibilidades de los italianos.  Ese era el sistema, pero, ¿cuánto podría durar?  ¿Cuántas crisis más podría sobrevivir el imperio?

Algunas veces parecía que era únicamente la presión de las enemistades externas lo que mantenía unido al Imperio Habsburgo, y obviamente el enemigo exterior era el pequeño Reino de Serbia.  Serbia era tan ferozmente nacionalista como cualquier otro país en cualquier lugar y probablemente más romántica acerca de sus capacidades que la mayoría.  Se consideraba como la campeona de la unidad sudeslava.  La palabra "Yugoeslavia" significa "sudeslavo".  Serbia era notoria por sus intrigas, sus sociedades secretas y sus asesinatos políticos, todo lo cual la convertía en una espina en la carne de Austria-Hungría, particularmente de Hungría, quien dominaba a más de tres millones de estos sudeslavos, mientras que Austria tenía apenas tres cuartos de millón.  Para todas estas personas la independencia de Serbia era un ejemplo, así que nunca faltaban voces aquí en Budapest, y en Viena, exigiendo que Serbia fuera aniquilada.  El viejo Francisco José y los conservadores opacaron a estos extremistas  por temor a iniciar una guerra general en Europa con consecuencias impredecibles, pero en 1.908 los más belicosos lograron conseguir la suficiente ascendencia  como para efectuar la anexión formal de dos provincias sureslavas , Bosnia y Herzegovina, nominalmente aún bajo el régimen turco pero de hecho administradas por Austria-Hungría desde 1.878.  Con esta anexión se añadió otro 1'800.000 eslavos al imperio, lo cual aumentaba grandemente sus tensiones internas.      

[En el siglo VIII otros pueblos se habían  interpuesto entre los eslavos de los Balcanes y los demás eslavos, y eventualmente los eslavos se vieron divididos en tres grupos: los orientales (rusos, ucranianos y bielorrusos), los occidentales (polacos, checos y eslovacos) y los meridionales o del sur (eslovenos, serbios, bosnios, croatas,  montenegrinos y macedonios, a todos los cuales se unieron luego los búlgaros, que no eran eslavos sino una mezcla de varios pueblos, principalmente hunos y ávaros, y algo de turcos, escitas, sármatas y godos).  Cuando los eslavos se cristianizaron esto se convirtió en otro factor disgregador.  Los eslovenos, los croatas y todos los eslavos occidentales prefirieron el catolicismo, y cuando se alfabetizaron recurrieron al alfabeto latino.  Casi todos los demás eslavos se unieron a la Iglesia Ortodoxa y aprendieron a escribir con el alfabeto cirílico, que tiene letras latinas, griegas y algunas nuevas y que fue ideado por los misioneros San Cirilo y San Metodio, que adoctrinaron a los eslavos occidentales en el siglo IX.  Desde esa época ha habido una enemistad entre los muy católicos polacos y los siempre ortodoxos rusos.  En el siglo XVII una coalición de polacos y lituanos ocupó Moscú durante dos años, y en el XVIII los rusos pudieron desquitarse participando con Prusia y Austria en tres reparticiones del territorio de la malhadada Polonia.  En el XIX hubo más reparticiones.  En el XX se presentó otro viraje súbito cuando fue elegido un papa polaco y eso anuló toda la sucesión de calamidades de sus coterráneos porque pasaron a ser algo así como Maestros Supremos del Universo, ya que "católico" significa "universal".  En cambio los "ortodoxos",  más modestos,  se limitan a conservar y divulgar apenas en uno de los quien sabe cuantos sistemas solares la "opinión correcta", como lo indica su nombre en griego, y tener los pies bien puestos sobre la tierra, por lo que rechazan el celibato, porque no aparece en el Nuevo Testamento como mandato sino como sugerencia, en el pasaje sobre los que son "eunucos" por causa del Reino Celestial.  En el Corán, quienquiera que haya sido el responsable por los mensajes recibidos por el Profeta reprocha a los cristianos la decisión de establecer la práctica del celibato.]    

Peor aun, existía otra crisis que habría de elevar la temperatura de Europa al punto de ebullición.  La anexión de Bosnia y Herzegovina por Austria pudo ser posible sólo por la complicidad secreta de Rusia, que accedió a cerrar los ojos en esta ocasión con la condición de que los austríacos apoyaran la aspiración a un aumento de los derechos rusos en el Bósforo.  Cuando Austria-Hungría se negó a cumplir su parte en esa maniobra secreta los rusos se pusieron furiosos y parecía que empezaba una guerra en 1.908.  La diplomacia salvó la crisis por un tiempo pero de ahora en adelante quedaba entendido claramente que los estados eslavos, y de hecho los pueblos subyugados en los Balcanes, estaban bajo la protección rusa, y éste era un factor nuevo que significaba que sólo se necesitaba un mínimo movimiento adicional en la región  para que las potencias europeas se degollaran las unas a las otras.     

[John Terraine:]  Los ejércitos de las potencias europeas reunían las concentraciones más grandes de poderío militar del continente, sometidas  anualmente a revisiones imperiales y a grandes maniobras.  Lo que era más significativo era la masa total.  El ejército austrohúngaro tenía en 1.910 un total de dos millones y medio de hombres, y esa era una fuerza relativamente pequeña.  Francia tenía cuatro millones, Alemania cinco.  Nunca se había regimentado el poderoso continente de esta manera.  Por debajo de los perifollos de las ceremonias, los penachos, las condecoraciones, la panoplia histórica, éste poder militar era en realidad lo que la Revolución Industrial había hecho de él: ejércitos masivos equipados por la producción en serie de la industria moderna transportados a través de un sistema complejo de redes ferroviarias.  Nunca antes había sido posible mover tales ejércitos de un lugar a otro y mantenerlos con provisiones.  [La eficiencia con lo que lo hacían los mongoles era tan notable que explica que hayan podido dominar casi toda Eurasia y hace dudar de la veracidad de esa afirmación de que "nunca antes…".] 

 Era difícil predecir que sucedería cuando los conflictos europeos explotaran y las masas se enfrentaran en una batalla.  Algunos predecían una guerra corta pero sangrienta, otros decían "una guerra larga y sangrienta"…sangrienta de cualquier manera.  [La "guerra de posiciones" llevó a un frente estacionario durante  cuatro años que dejó de serlo cuando los británicos se inventaron algo que arrasó con el enemigo, que fue el tanque de guerra.]  Sólo Gran Bretaña, escudada tras la Marina más grande del mundo, se atrevía a confiar en un pequeño ejército formado por un reclutamiento voluntario, o como algunos lo llamaban sarcásticamente, "reclutamiento por hambre".  Excepto por la agitación de la época de guerra, el Ejército era muy poco popular en Gran Bretaña.  Rudyard Kipling  asumió una actitud muy amplia.  [Ahora lo que se pasa a recitar es una estrofa de su poema Tommy, que es como llamaban al soldado británico.  En él Kipling se muestra indignado por la ingratitud de los civiles ante los sacrificios de quienes se encargaban de la labor de protegerlos contra el enemigo externo.  Lo de la hilera roja se refiere al color del uniforme de esa época, cuando los soldados eran los "casacas rojas", o redcoats.]



Sí, burlarse de los uniformes que lo cuidan a uno mientras uno duerme



Es más barato que esos uniformes, que son bien baratos;

(…)   

Luego, "soldado, haz esto", "soldado, haz lo otro", y "soldado, ¿ está tranquila tu conciencia?",
pero es "¡formen una hilera angosta roja de héroes!" cuando los tambores comienzan a redoblar,       
Los tambores comienzan a redoblar, mis muchachos, los tambores comienzan a redoblar,
Aj, es "¡formen una hilera angosta roja de héroes!" cuando los tambores comienzan a redoblar. 


                                                    The Thin Red Line, Robert Gibb, 1.878

El Ejército era llamado con nombres bastante desagradables, pero mientras la Marina Real fuera suprema y los soldados estuvieran preparados para seguir cumpliendo con su deber no importaba mucho como los llamara la gente porque los tambores comenzaban a redoblar.

Los ejércitos del poderoso continente adornaban a la tropa con una extraña mezcla de viejos y nuevos ornamentos --la infantería francesa usaba los kepis y pantalones rojos de los días de Napoleón III, sus coraceros parecían sacados de los tiempos de Napoleón I, el Ejército alemán alardeaba de sus famosos Calaveras, sus húsares, coraceros y ulanos, el Ejército austrohúngaro hizo su propia contribución con el penacho militar--, pero la industria moderna estaba poniendo en manos de toda esta gente extrañamente vestida las armas de un futuro terrible.  La Guerra Rusojaponesa había revelado ya algo del horror de un combate del siglo XX.  Había mostrado como las granadas modernas eran capaces de hacer pedazos la mampostería y el concreto, rasgar placas de acero como si fueran de papel.  Los soldados rusos y japoneses se refugiaban en trincheras que protegían con alambres de púas.  Utilizando pólvora sin humo el soldado del siglo XX se convirtió así en invisible, y el inquietante fenómeno del campo de batalla vacío, en donde nunca se ve al enemigo pero se está en un miedo constante ante él llegó para quedarse.  Además otra arma terriblemente mortífera estaba apareciendo: la ametralladora.  Pronto se escuchó a un soldado alemán jactándose de la suya: "¡Tac tac tac tac tac tac!  Una mera ráfaga del arma acabó con más seres humanos que los que diez madres hubieran podido traer al mundo en muchos años."  Estas eran las armas que iban a decidir el futuro de Europa cuando los conflictos explotaran. 

El poder marítimo también se estaba transformando.  En 1.906 Gran Bretaña produjo un nuevo tipo de barco de guerra que combinaba la velocidad con el poder destructivo.  Se lo llamó el "acorazado" y su aparición convirtió en anticuados todos los barcos de guerra anteriores.  Cuando Alemania reaccionó comenzó una competencia naval entre Alemania y Gran Bretaña para construir acorazados aun más poderosos.  Los gastos aumentaban, pero lo paradójico era que la transformación real del poder naval no estaba representada por estos nuevos gigantes de acero en la superficie.  La verdadera amenaza para la supremacía naval era el submarino, que se deslizaban bajo la superficie del mar.  Para una isla que dependía notoriamente de las importaciones esto fue una novedad alarmante, y no era la única.  La tecnología podía adaptar los instrumentos de poder del ser humano debajo del mar y sobre él.

En junio de 1.909, cuando Louis Blériot voló su endeble aeroplano a través del Canal de la Mancha [a los vecinos toscos de los franceses se les ocurrió decir dizque "mancha" en lugar de "manga", que es lo que significa manche en francés], no sólo aseguró el triunfo de una máquina voladora más pesada que el aire [alusión a los globos aerostáticos, que se elevan por ser el gas que tienen menos pesado que el aire] sino que trajo con ello un mensaje que era inequívoco.  El Daily Graphic escribió: "El Sr. Blériot ha conducido un aeroplano sobre la franja de agua [que a los franceses les parece que es como una manga] que hace que Inglaterra sea una isla.  No hay necesidad de discutir el punto."  [Es una simplificación injusta.  Inglaterra es apenas uno de los cuatro componentes del Reino Unido, siendo los otros el País de Gales (Wales), Escocia e Irlanda del Norte (Ulster).  La tal isla incluye también a Gales y Escocia.  Tal vez sea esa presunción inglesa  lo que hace que haya secesionistas en Escocia, con referendos ocasionales para ver si se independizan o no.  Cada una de estas tres cosas es distinta de las otras dos: Britain, British Isles y United Kingdom.]  La lección era fácil de entender: lo que el Sr. Blériot puede hacer en 1.909, cientos, más aun, miles de aeroplanos serán capaces de hacerlo en cinco años más.  Una máquina que puede volar de Calais a Dover no es un juguete sino un instrumento de guerra al cual los soldados y los gobernantes deben tomar en cuenta.


                                                              Aeroplano como el de Blériot


Ante éste nefasto antecedente cualquier incidente se convertía en una posible crisis, y en el nuevo siglo las crisis no eran ya algo que los hombres de estado pudieran manejar tranquilamente.  La crisis se desplegó como un drama para una audiencia creciente de lectores de los diarios.  [Cfr. éste pasaje del 4º. capítulo: " '(…) el arma más poderosa que tiene la Liga de las Naciones,' dijo (…), 'no es el arma económica o el arma militar o ninguna otra arma material: (…) es el arma de la opinión pública.'/ Hubo muchos que realmente le creyeron, y ciertamente en los años 20 la opinión pública sí parecía ser, ya fuera eso una ventaja o una desventaja, algo más vigoroso, más tangible que nunca antes, con nuevos medios informativos y de difusión."]  A muchos de ellos no les importaban los artificios políticos y la diplomacia.  Veían únicamente las actitudes visibles de los dirigentes, leían las bravatas de ambos lados y agregaban a esto el furor de sus propias emociones.  Gran Bretaña se vio particularmente afectada por esta nueva circunstancia.  Siguiendo el famoso ejemplo del Daily Mail, el número de diarios populares aumentaba.  El Daily Express fue fundado en 1.900, el Daily Mirror en 1.903, el Daily Sketch en 1.909 y el Daily Herald en 1.911.  [Mirror, sketch y herald significan "espejo", "esbozo" y "heraldo", respectivamente.]  Engalanados con sus propias opiniones, involucraban al ciudadano de a pie en los acontecimientos políticos como nunca antes.

No fue accidental que la entrevista para el diario The Daily Telegraph dada por el káiser en 1.908 se convirtiera en una herramienta para deteriorar las relaciones entre Gran Bretaña y Alemania. Tergiversando las palabras del káiser el periódico le confirió un sentido intenso de mala voluntad alemana.  Al año siguiente tampoco fue accidental que uno de los pánicos más infundados de ese período fuera provocado por los periódicos.  Una noticia sin ningún fundamento de que Alemania estaba sobrepasando secretamente a la Marina Real en barcos de guerra causó una histeria popular que llevó a reacciones peligrosas en en una situación tan explosiva.

Aunque dividida, Europa todavía podía hacer a un lado sus disputas y encontrar tiempo para un último gesto de cordialidad.  En mayo de 1.910 el Rey Eduardo VII murió.  Nueve cabezas coronadas seguían el ataúd: el nuevo rey de Inglaterra Jorge V con dos de sus hijos, que algún día serían reyes también, a su lado su primo el Emperador Guillermo II de Alemania, y detrás venían los reyes de España y Grecia, Noruega y Dinamarca, Portugal, Bulgaria y Bélgica.  Siete aparentes herederos los seguían, entre ellos el Archiduque Francisco Fernando de Austria [cuyo asesinato fue la causa inmediata de la I Guerra Mundial, pero de lo que se dice fue una mera excusa o justificación para quienes deseaban una guerra].  Había siete reinas, cuarenta altezas reales e imperiales y un ex presidente de los Estados Unidos.  Jamás se volvería a ver una concentración como esa.  Al cabo de sólo seis meses uno de los reyes, Manoel de Portugal, había abdicado, y no acababa de ser coronado Jorge V al año siguiente cuando el poderoso continente se enfrentaba a otra crisis.

[Peter Ustinov:]  Alemania decidió desafiar a Francia otra vez, y testarudamente, como un estudiante ansioso de provocar un duelo para vengar una ofensa imaginaria, seleccionó para esto el mismo país en donde había perdido la dignidad hacía como seis años: Marruecos.  Esta vez no arriesgó al káiser sino que envió un cañonero en su lugar para "proteger sus intereses", frase utilizada siempre para justificar una presencia militar.  El barco Panther  [nombre que significa "pantera" tanto en inglés como en alemán] se deslizó hacia el puerto de Agadir y una vez más los centros nerviosos de los sistemas de las potencias europeas comenzaron a estremecerse.  La crisis de Agadir se pretendió que fuera como un bofetón para Francia pero Alemania pronto descubrió que era la mejilla de la Gran Bretaña la que se dolía, una nueva escalada en su hostilidad creciente.  La Gran Bretaña pidió a Alemania una explicación que tardó en ser presentada, con la consecuencia de que David Lloyd George, el Ministro de Hacienda, aprovechó para pronunciar un discurso ante los banqueros en Londres que llegó a otros oídos.  "Haré grandes sacrificios para conservar la paz," dijo, "pero si la paz sólo puede ser conservada permitiendo que la Gran Bretaña sea tratada como si no tuviera importancia en el concierto de las naciones entonces digo enfáticamente que la paz a ese precio sería una humillación demasiado intolerable como para que un gran país como el nuestro la soporte."  Los banqueros aplaudieron efusivamente pero no aquellos a quienes iban dirigidas esas reclamaciones.  El discurso a los banqueros fue contestado en el Reichstag por un diputado del ala derecha con un pesado sarcasmo: "El pueblo alemán sabe ahora que cuando tenga que buscar una distensión en un país extranjero y un lugar bajo el sol, a lo que tiene derecho según su destino, ya sabe a donde pedir permiso."

Después de 1.911 los temperamentos europeos fueron penosamente puestos a prueba al ver cada nación su propio destino enmarcado en un destello contra la oscuridad penetrante.  La crisis bosnia de 1.908 había sido una afrenta grave para Rusia.  Ahora la crisis de Agadir había sido una afrenta para Alemania.  Era difícil imaginar a cualquiera de los dos poderosos grupos aceptar más humillaciones públicas sin recurrir a la guerra.  Ahora con todos esperando problemas, si no es que en realidad los estaban buscando, se necesitaría un milagro para evitar un conflicto violento de vanidades y que la sangre fuera derramada.

[John Terraine:]  No hubo tal milagro.  Los tambores continuaron redoblando.  Las ambición nacional y la voracidad imperial continuaron provocando agravios.  Mientras que las grandes potencias seguían enredadas todavía en Agadir, Italia tuvo un altercado con Turquía al tratar de poner en estado de sitio a la provincia de Trípoli, hoy Libia.  [Hay dos ciudades llamadas "Trípoli", la otra es libanesa y ambas son puertos mediterráneos.]  Los italianos encontraron la invasión de Trípoli más difícil de lo que esperaban.  Treinta años después se encontrarían defendiéndola igual de apasionados.  En 1.911 se las arreglaron para vencer a los turcos y ensanchar su imperio pero al hacer eso desencadenaron eventos más serios para el poderoso continente.

El debilitamiento del poderío turco fue una señal para todos sus enemigos, sobre todo para los estados balcánicos con su profundo y arraigado conflicto con los turcos.  Ahora Serbia, Bulgaria y Grecia, a pesar de sus rencillas, se propusieron atacar a Turquía.  El resultado estremeció a Europa: en siete semanas la opresión turca sobre los Balcanes, que había perdurado cinco siglos, fue anulada.  Serbia emergió como el estado balcánico más fuerte con su territorio prácticamente duplicado.

El Imperio Austrohúngaro reaccionó violentamente al triunfo de Serbia.  La facción militarista del imperio quería una guerra inmediata con Serbia, y ahora los terribles peligros de los conflictos europeos y sus alianzas se manifestaban claramente.  Si Austria atacaba a Serbia, Rusia apoyaría a los serbios, si Rusia atacaba a Austria, Alemania apoyaría a los austríacos, si los alemanes atacaban a Rusia, Francia se vería involucrada, y si Francia era atacada, Inglaterra intervendría.  Ese era el significado de las alianzas.  La intención era conservar la seguridad pero la realidad era el riesgo.

Por un poco más de tiempo la artillería pesada de los grupos de potencias permaneció silenciosa, por cualesquiera que fueran las razones.  ¿Sería la premonición de un desastre inminente o la sensación de no estar preparados todavía, de necesitar un cañón más, una última banda de cartuchos, una última bota como motivación?  Por la razón que haya sido, las grandes potencias atenuaron sus pendencias.  Sabios consejeros de Londres y París contuvieron a San Petersburgo, Berlín y Roma calmaron la fiebre en Viena. 

[Peter Ustinov:]  …y el viejo Emperador Francisco José, que llevaba una vida de una austeridad casi monástica, trabajaba incansablemente en su sencillo escritorio por el bien de su pueblo, por el bien de todos sus pueblos, y con cada nueva crisis sus dificultades para contener a los rebeldes del bando antiserbio aumentaban, y los mismos serbios no colaboraban, por supuesto.  La prensa serbia hablaba de una unidad eslava, los estudiantes y políticos serbios discutían libremente acerca de la creación de un nuevo estado llamado "Yugoeslavia", los terroristas perpetraban ultrajes que eran aprobados por los serbios como patrióticos, mientras que los húngaros y los austríacos clamaban por la venganza, y la posición conciliadora del emperador se volvió rápidamente insostenible.  Ya tenía 84 años de edad y parecía que su reinado terminaría como había comenzado, en medio de la violencia y los conflictos.

[John Terraine:]  El verano llegó, el verano de 1.914, el último verano de la vieja Europa, el tranquilo, dorado verano de tantos recuerdos.  La siembra maduró para la cosecha y los sembradores esperaban sus réditos, cosechas de trigo, de cebada, de maíz y de centeno, cosechas de temor, odio y sospecha, una cosecha de rivalidades y ambiciones nacionales cuyos frutos dejarían a los demás un sabor amargo.  Esta sería la cosecha del dorado verano de 1.914.

[Peter Ustinov:]  …y fue por supuesto en los Balcanes, esa nefasta parte del mundo, donde fue escuchada la primera nota estridente que pronto tendría a la cacofonía de las armas de Europa ahogando la voz de la razón, en los Balcanes, Bosnia, para ser preciso, la provincia que los partidarios austrohúngaros de la guerra pensaron que era una manifestación de sagacidad anexar en 1.908.

El Archiduque Francisco Fernando, heredero al trono de la monarquía dual, consintió en ir a Bosnia con su esposa en una visita rutinaria para las maniobras militares anuales.  Cuando estas terminaron debía visitar Sarajevo, la capital provincial [debe ser con ye en lugar de jota en la transcripción al castellano].  La sola presencia del heredero al trono en la capital de una provincia recientemente anexada fue una bofetada para el nacionalismo serbio.  Inclusive en el lejano Chicago el periódico de los emigrados serbios, que no era notable por su moderación, publicó lo siguiente: "¡Serbios, tomen todo lo que sus manos puedan sostener: cuchillos, fusiles, bombas, dinamita!  ¡Adelante contra la dinastía de los Habsburgo [nuevamente, debe ser con jota y no hache en la transcripción correcta]!  ¡Eterno homenaje a los hombres que lucharon contra ella!"  Éste llamado fue escuchado y sentido profundamente.

Cuando Francisco Fernando y la Archiduquesa Sofía llegaron a Sarajevo el 28 de junio, seis jóvenes bosnios, estudiantes, entrenados y armados por la Sociedad de la Mano Negra en Serbia, los esperaban.  Uno de los estudiantes arrojó una bomba a la pareja real justamente después de que partieran de la estación de ferrocarril pero fracasó en su misión.  Naturalmente, al llegar la pareja real a la Alcaldía, no estaba de muy buen humor.  Hubo una breve y un poco caótica ceremonia de bienvenida y partieron.  Esta vez los estudiantes no fracasaron.  Mientras el automóvil real permanecía estático por un malentendido uno de ellos, Gavrilo Princip, disparó dos veces a una distancia desde la que no podía fallar y asesinó al archiduque y a su esposa.

La sangre se secó en la casaca del archiduque y ahora se ha convertido en una reliquia casi sagrada, como debería ser, porque fue la primera gota derramada en un océano de sangre, y esta es la reliquia número dos, en el Museo Austríaco en Viena, el auto de paseo en el que la pareja real encontró su terrible final.

[John Terraine:]  Austria-Hungría estaba todavía lamentando la muerte de su heredero forzoso [heir apparent en inglés, traducido en la narración literalmente como "aparente heredero"] cuando todo el continente encontró razones para lamentarse.  Como consecuencias del asesinato de Francisco Fernando se sucedieron con espantosa contundencia un ultimátum de Austria para Serbia en julio 23 --Austria declaró la guerra a Serbia en julio 28--, la movilización parcial rusa en julio 30, la movilización total en Austria y Rusia, en agosto 1º. la movilización completa en Alemania y Francia, Alemania declara la guerra a Rusia en agosto 3, la guerra entre Alemania y Francia amenaza a Bélgica, y en agosto 4, guerra entre Gran Bretaña y Alemania.  Las disputas han fructificado.

Sir Edward Grey, el Secretario de Relaciones Exteriores británico, anunció la fatalidad del poderoso continente con intuición profética: "Las luces se están apagando en toda Europa.  No las volveremos a ver encendidas en nuestras vidas."